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Dios los cría…y hasta los de casa muerden.

Pluma: JOSE LUIS HUERGO

Léase al ritmo de la sabrosa salsa “Burundanga” de Celia Cruz.

Durante los últimos años, en estas líneas revelamos los malos manejos de José Antonio Rodríguez Rodríguez, entonces director del Instituto Estatal del Transporte (IET), quien hacía turbios negocios en complicidad con el secretario del Sindicato Único de Trabajadores del Volante (SUTV), Raúl Castillo Baqueiro.

Sin embargo, es hasta ahora, que Rodríguez Rodríguez alegremente cuenta los muchos millones mal habidos, que el también priista Candelario Salomón Cruz, actual director del IET, viene a descubrir que los bolillos están rellenos de migajón, se rasga las vestiduras y exige todo el peso de la ley para su antecesor.

Songo le dio a Borondongo.

Esto resulta muy sospechoso, pues Candelario Salomón Cruz fue presidente municipal de Candelaria los últimos tres años y, al parecer, no se dio cuenta de las tranzas entre Rodríguez Rodríguez y los transportistas.

Borondongo le dio a Bernabé.

Pero todo parece indicar que se trata de una cortina de humo orquestada por el propio Candelario, quien perdió el municipio a manos del PAN, gracias al repudio de la ciudadanía y, extrañamente, fue premiado con la dirección del IET, donde corre mucho, mucho dinero.

Y es que, mientras Candelario Salomón Cruz exige todo el peso de la ley para Rodríguez Rodríguez, el actual presidente panista de Candelaria, Salvador Farías González, exige todo el peso de la ley para Candelario Salomón Cruz, presentando pruebas de desvíos millonarios de dinero.

Bernabé le pegó a Muchilanga le echó a Burundanga les hinchan los pies.

¡Monina!

En estos pleitos los únicos afectados son los ciudadanos, pues ni José Antonio Rodríguez Rodríguez va a devolver lo que se llevó, ni prosperará el proceso contra Candelario Salomón Cruz, ni Salvador Farías González ha hecho nada bueno por su municipio, dado que se la ha pasado auditando a su antecesor.

Y, lo más grave, los taxistas de Carmen siguen haciendo su regalada gana, sin tarifa oficial, con autos sardina en un servicio colectivo que está prohibido por el Reglamento del Transporte, sin un padrón que garantice a los usuarios el saber cuál fue el chofer que los asaltó, etc.

A fácil perdón, frecuente ladrón, dijera mi abuela, mujer papanteca de recio carácter.
¡Rayos!
Se acabó el espacio.
Nos vemos, pues…

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