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Dios los cría… México, república bananera.

Dios los cría… México, república bananera.

PLUMA : José Luis Huergo

Siempre muy derechito, como soldadito, con su engominado copete y actitud como de alumno respondiendo en un examen, Enrique Peña anda diciendo que su gobierno lleva construidos pinchemil kilómetros de carreteras, nomás no aclara si tales caminos los han construido en Escandinavia, Marte o alguna estrella lejana, porque, lo que es en México ni siquiera han reparado los caminos ni los puentes afectados por las inundaciones de los años pasados.

Eso sí, cuestan como si tuvieran banda transportadora y estuvieran alfombradas las dizque autopistas.

Lo de dizque, porque una autopista que se respete tiene 4 carriles 4, mientras que los bacheríos que hay por todo el país tienen 3 carriles 3 nomás y la mayoría se limitan a 2 carriles 2 y un acotamiento ancho, cosa de saber hacerse a un lado cuando alguien quiere rebasar, eso en los pocos tramos que aún no tienen baches.

Por si fuera poco, en enero del año en curso afirmó que la reforma fiscal permitiría contar con recursos para financiar cuatro mil 600 obras de comunicaciones y transportes.

A partir de esa fecha, no ha arrancado una sola de esas cuatro mil 600 obras.

Que se jodan los mexicanos, porque el señor presidente pasea en su avión de siete mil 500 millones de pesos y no tiene idea de lo que pasa a nivel del suelo, por mucho que le queda bastante cerca.

Fuera bueno que Peña Nieto y su prole se echaran unas vacaciones clasemedieras por el sureste, amontonados en un Tsuru rojo sin aire acondicionado, con la ya tradicional dotación de San Luises (léase san-güichitos) para el camino, sus ballenas de Jarritos rojos y un aguinaldo de salario mínimo en la cartera, misma que deberá ser de hule, de esas que venden en los camiones a 10 lucas.

¡Ah, qué divertida se iba a dar!

Con eso de que cree gobernar un país del primer mundo, nomás llegar a Chalco cerca de tres horas, con los niños peleando, la mujer pasando san luisitos, limpiándoles los mocos a los chamacos, los micros dándole cerrones, el de atrás tocando popular melodía con el claxon, luego de pagar la caseta de Chalco, creerá que la playa está a 10 minutos, cuando mucho.

Pero nada, no ha hecho sino empezar un calvario de muchas horas.

Si tiene suerte y no hay manifestación de transportistas, cuadrillas regando sello en la México-Puebla o le toca la hora de salida de los trabajadores de la Volkswagen, en hora y media estará llegando a Puebla, otra media hora para llegar al estadio y seguirle rumbo a Orizaba.

En la caseta de Amozoc, seguramente, un retén militar obligará al preciso y familia a bajar del Tsuru rojo, por las buenas, o sea, a punta de bayoneta, les exigirá abrir maletas, dando a oler al comandante los choninos de la Gaviota, porque como que hieden a cocaína, dirán los de verde. Para, luego de media hora, dejarlos ir, con el argumento de que confundieron el Tsuru rojo con una Hummer verde llena de malosos.
Más verde que los militares, Peña Nieto a esas alturas creerá estar ya en territorio guatemalteco, dada la pobreza a su alrededor, las precarias condiciones del camino y el estado militarizado y policiaco que observa.

Siendo indulgentes, pensaremos que llega, sano y salvo, hasta la caseta de Esperanza, donde los chamacos y la ñora le exigirán se detenga para entrar al baño y comprar camotes, porque los san luisitos se les quedaron a los soldados de Amozoc.

Será ahí cuando sepa lo que es entrar a un baño apestoso y, cubiertas las exigencias de la naturaleza, descubrir que no hay papel, por lo que habrá de usar su poco ingenio para salir del asunto.

Y de vuelta al Tsuru rojo que, a estas horas, es un infierno, porque hay negras nubes en el cielo y, como todos sabemos, esas nomás alborotan el bochorno. Luego de cambiar a una de las nenas fresas, que se había meado en el pantalón, la Gaviota aborda y arrancan.

En seguida los espera algo de primer mundo, una autopista alumbrada, lo cual servirá a Peña Nieto para decir a su familia que esta es una obra de su gobierno, para favorecer a todas las familias.

Nomás que el gusto dura como un kilómetro, porque de ahí en adelante, a pesar de que hay faroles, están apagados y, peor tantito, los dos carriles de ida, están en mantenimiento y lo seguirán durante mucho tiempo.

Claro, la caseta cuesta lo mismo de siempre, como si todo lo que cobran lo dieran.

Hay que subir a Orizaba a la antigüita, dos carriles, uno de voy y uno de vengo, llenos de camiones sobrecargados, con la complacencia de PFP.

Hora y media a Orizaba, en medio de la niebla, el chipi chipi y alguno que otro loco que se lanza a rebasar a lo tarugo.

A partir de ahí, un dineral de casetas, retenes del ejército, de PFP, de Migración y hasta de Sagarpa.

En el camino, hay “restaurantes”, mugrosas palapas o construcciones casi en obra negra, donde supuestamente expenden comida. Dos mesas con mantel de hule estampado, un refrigerador de Coca Cola desconectado, un par de chamacas feas pero buenonas despachando y varios trailers estacionados.

Como cuentan quienes nunca han viajado que, donde veas traileros, venden buena comida, el inocente se estacionará en uno de esos sitios.

Se llaman cachimbas.

Bueno, así les dicen los traileros.

No les gusta atender a los “caracolitos”, así les dicen a los carros particulares, quesque porque traen un baboso dentro.

Y no les gusta, porque son para traileros, el negocio es venderles “pericos”, que son ciertas cápsulas cuyo contenido vacían en el café y sirven para que se mantengan despiertos y al volante 8 o 10 horas más.

También venden cocaína y hasta mota.

La mayor parte de los choferes de tráiler manejan drogados.

La PFP lo sabe.

El Cisen lo sabe.

Baches ocultos por la lluvia, que con toda seguridad romperán una llanta del Tsuru rojo, la prueba de fuego, porque dudo que Peña Nieto o sus niñas tengan la menor idea de cómo se cambia un neumático.

Y, si la ponchadura es de noche, Dios los libre de un asalto, tan comunes en las carreteras.

Mal y de malas, llegarán a Tabasco, donde serán recibidos por un gran letrero con la leyenda: Bienvenidos a Tabasco, el edén del sureste mexicano”.

Eso luego de más de doce horas de viaje.

Pero ¡Oh portento! Nomás empezar Tabasco el camino luce flamante pavimento, casi parece laminado en plata.

Otro desengaño, pues el pavimento termina pronto, para dar paso a una zona que, si alguna vez estuvo pavimentada, sólo Dios lo sabe, pues es un verdadero lodazal.

Si llega luego de pardear la tarde, descubrirá que en ese lugar conviven en perfecta armonía soldados, agentes de PFP, traileros, prostitutas, cachimbas y hasta los de Sagarpa.

¿Cómo llega la droga a las cachimbas, con tanto retén?

¿Cuál es la mafia que maneja la prostitución en carreteras?

¿Si Peña Nieto realizara este paseo, abriría los ojos?

Se supone que la tarea del ejército es salvaguardar al pueblo.

¿Será que los cachimberos y los tratantes de blancas son el pueblo?

La mafia de trata de blancas se concentra en San MIguel Tenancingo, Tlaxcala, lo sabemos todos, hasta los arriba mencionados.

Nadie hace nada, equilibrio de poderes, le dicen.

¿Y luego?

¿Es el ciudadano pacífico que desea pasear con su familia, el enemigo?

¿Tal vez no es Enrique Peña Nieto quien debe abrir los ojos, sino los mexicanos?
Porque esto se parece más a una guerra civil, que a una cruzada contra los malos.

Porque, por lo visto, es el ejército el único medio que tiene Peña Nieto de legitimarse en el poder.

El ADO llega al puente para Isla del Carmen a eso de las 6 de la mañana, los soldados, con mallas en la cabeza, como de apicultores, le hacen el alto, con prepotencia, como si viniera lleno de zetas, el chofer se detiene y abre la puerta, pero los sardos nunca abordan, simplemente lo dejan 5 minutos con la puerta abierta y le hacen señas de que se vaya.

¿Qué ganan con eso los valientes defensores de la patria?

Diversión, pues el camión de llena de chaquistes. Si el pasajero voltea, los verá muertos de risa.

Es el desprecio que tienen por los civiles.

Conste que les pagamos por protegernos.

Conste que en los retenes no han caído narcos, pero si familias enteras.

Peña Nieto ha demostrado que es el verdadero enemigo del país, luego entonces ¿qué espera para renunciar?

¡Rayos!
¡Se acabó el espacio!
Nos vemos, pues…

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