Locales

Perdonarse, es reconciliarse

Hay un nuevo inicio. Iniciamos el Año de la Vida Consagrada. aquí, en Campeche, nos enriquece el Espíritu con los carismas de 21 institutos femeninos y con 7 masculinos. Pero, además, hay otros dos crepúsculos. Nos referimos no sólo al inicio del Nuevo Año Litúrgico, sino a la nueva realidad que se gesta en nuestra sociedad.

El Adviento es la espera gozosa y atenta de la venida de Cristo salvador. Él viene; es necesario preparar su llegada. Jesús trae un mensaje de fraternidad. Nos viene a compartir, como Hermano, la paternidad de Dios, Su Padre.

Se avizora una nueva sociedad. Esperamos que nazca algo nuevo, más solidario, más hermanante. ¿Cómo preparar o acompañar esa nueva realidad que viene llegando? Lo que no se prepara y sucede, se puede volver caótico, o en el mejor de los casos, sorpresivo.

Ahora, reportamos una antigua entrevista que José Luis Martín Descalzo realizó a Frère Roger, fundador de la Comunidad de Taizé, en Francia. Su reflexion puede servir como una luz, que ilumine nuestro caminar histórico.

Él comenta su experiencia y conocimiento del Continente americano. Dice el hermano Roger: “Cuando yo viajo por América percibo que hay una constante: el crecimiento del miedo a una guerra. También hay miedo a que la confianza sea manipulada, que los jefes de Estado abusen de la confianza. ¿Cómo salir de esa espiral de miedo?”.

Continua diciendo que la gente está dispuesta a conceder confianza para construir, pero con la condición que los hombres de Estado estén llenos de amor, de una compasión sin límites hacia la familia humana sin excepción.

CONFIANZA EN EL PERDÓN

El signo concreto de la confianza es el perdón, es reconciliarse. Esto algo que no parece inscrito en la naturaleza del ser humano, pero cuando nosotros perdonamos, entonces estamos seguros de estar en Dios, incluso aunque no lo conozcamos. El perdón es el milagro, el milagro de Dios en el hombre.

Hablar de la paz (de la justicia) y no buscar luego la paz (la justicia) y la reconciliación en el interior de uno mismo, eso crea situaciones peligrosas. Es una especie de situación neurótica. Es como hablar de la paz, pero no vivirla.

Por eso es esencial vivir la paz en el lugar en el que Dios nos coloca. Para un creyente en Dios no hay otra salida que la de hacer de la propia casa un lugar en el que se cultive la esperanza que Dios tiene en la humanidad.

Por eso, una buena idea sería tener, en todas las casas, un rincón, un lugar para rezar. Si en cada casa, en cada familia, se intentara en silencio perdonarse los unos a los otros y rezar juntos. ¡Cuánto aportaríamos a la Iglesia y a la sociedad!

¡Bendito el que viene! ¡Ven, Príncipe de la Paz!

Mons.José Francisco González González
Obispo de Campeche

 

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