Locales

Nuestros altares de difuntos rica mezcla de culturas

Un recorrido para admirar once altares de fieles difuntos instalados en el atrio del templo parroquial Señor Divina Misericordia, para premiar la creatividad, pureza de las costumbres, claridad en la exposición de los participantes en este concurso 2014, fue la oportunidad para adentrarnos en el conocimiento de concepciones sobre el culto a nuestros muertos de parte de nuestros abuelos los antepasados mayas, toltecas, otomíes, la influencia de nuestros abuelos los conquistadores españoles y la valiosa aportación de los primeros evangelizadores.

Los grupos de catequistas, acólitos, movimiento familiar, dinámica juvenil, matrimonial, de la capilla Sagrado Corazón, entre otros respondieron a la convocatoria del sacerdote Marcos Rubén Cohuo Muñoz, y estos participantes se sometieron al escrutinio y la decisión inapelable de un jurado externo integrado por la profesora Palmira Durán Góme; licenciada Virginia Zepeda Gómez; técnica, Celeste Palacios Pérez; psicóloga Ameris Josefina Valencia Pacheco.

Luego de cerca de dos horas del recorrido, se dieron los resultados: por tercer año consecutivo se adjudican el primer lugar el grupo de dinámica juvenil, con un altar otomí; el segundo, para los cursillistas y el tercero, para los matrimonios.

Es de reconocerse que en todos y cada uno quedaron de manifiestas las profundas raíces de nuestros abuelos antepasados que mucho antes de la llegada de los españoles, realizaban en fechas determinadas la instalación de altares con elementos cargados de misticismo, elementos como el agua, la sal, las calaveras (que las hacían de barro y luego de azúcar), la combinación de colores básicos para los altares: amarillo, naranja, morado, rojo.

Los altares de muerto son el mejor escaparate del sincretismo religioso, que no es más que tomar elementos, conceptos, creencias de los pueblos para adaptarlos a la doctrina cristiana, como por ejemplo la construcción de niveles en los altares que simbolizan el inframundo, el segundo nivel sería ahora el purgatorio, y el tercero y más alto la glorificación.

Estos participantes ofrecieron la noche del pasado viernes, un breviario cultural, un repaso a nuestra historia, dieron la oportunidad de volver o de conocer nuestras raíces, esto es lo que adquirimos un servidor como todos los demás asistentes. Aprendimos que entre los aztecas no existía el entierro para la gente común, sino la incineración y en torno a la urna de ofrendaba alimentos, utensilios de trabajo, se adornaba con flores de zempazuchilt, “moco de pavo” y otras que no podían faltar, como tampoco las velas.

Conocimos que para nuestros abuelos toltecas, aztecas, mayas, la muerte no era el final de la existencia sino una transición, ya que se tenía la creencia que la persona al morir se transformaba en colibrí para volar hacia el Dios Sol.

La tradición popular de adquirir para su consumo calaveritas de azúcar, se remota a la tradición azteca de elaborar calaveras de barro para recordar a los difuntos y esto fue modificado por los primeros evangelizadores que enseñaron a elaborar las riquísimas golosinas de azucaradas.

A esta vasta tradición con el paso del tiempo se ha agregado la presencia de las “huesudas”, las “Catrinas” de Posadas que son un elemento más en los altares….esto sin descartar las ofrendas de frutas, dulces, panes (que son las extremidades del muerto sobre el ombligo), tamales, caña, bebidas de chocolate, licor y cigarros.

Espléndido resultó el Concurso de Altares 2014 de la parroquia Señor Divina Misericordia, atinada iniciativa del P. Marcos Rubén, de conservar nuestras tradiciones cargadas de espiritualidad, de alegría, de esperanza, y de ese halo de divino como lo significa en el ambiente en el que nos movimos, el aromático copal o el incienso. (LFAA).

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