Locales

“Hay más alegría en dar que en recibir” Mons. José Francisco.

Es propio del tiempo natalicio dar y recibir regalos. Con ese gesto se manifiesta la magnanimidad de la persona. Bien dice la Biblia: “Hay más alegría en dar que en recibir” (Hech 20,35).

Para esta Navidad, Dios quiere dar un gran regalo para la Diócesis de Campeche. Se trata del Orden del diaconado para algunos seminaristas. La bella y emotiva ceremonia de ordenación tiene como sede, la Catedral de Campeche, la madre de todas las Iglesias de la Diócesis.

La alegría de tener nuevos diáconos revitaliza la acción evangelizadora en esta zona del país. De ello estamos muy agradecidos a Dios, a sus respectivas familias, a las parroquias que los han acompañado y al seminario que los ha formado.

Y, bien, nos podemos preguntar ¿Qué hace un diácono? ¿qué funciones tiene? ¿quién puede ser diácono? El sujeto para la ordenación diaconal debe ser un varón, que hay sentido esa vocación, la haya orado, discernido y decidido. Claro, también requiere que la Iglesia local haya aceptado al candidato, como idóneo para ese servicio.

En el Sacramento del Orden hay tres grados: el diaconado, el presbiterado y el episcopado. El diácono se viste, litúrgicamente, con el alba (especie de sotana blanca) con la estola cruzada (del hombro hacia la cintura) y con la dalmática.

El candidato que es ordenado diácono recibe una especie de tatuaje imborrable. A esa característica se llama, en términos propios, “imprime carácter”. En otras palabras, quien es ordenado queda marcado indeleblemente en su alma y Dios lo capacita para llevar adelante las obligaciones y las gracias inherentes a su ministerio de servidor de los demás.

Hay dos tipos de diáconos: los transitorios; es decir, los que van de paso, pues desean recibir la ordenación sacerdotal, y los permanentes; es decir, los que no aspiran a ser presbíteros. Los transitorios deben ser célibes, no casados; en cambio, los permanentes pueden ser varones casados. En nuestra Diócesis tenemos siete diáconos permanentes, ya ordenados, y hay algunos candidatos que se preparan y disciernen esa llamada juntos con sus familias.

TAREAS DEL DIÁCONO
El diaconado se caracteriza por tres responsabilidades que debe llevar adelante; es decir la tarea de enseñar, de santificar y de servir.

En el oficio de enseñar, el diácono tiene la encomienda de proclamar la Escritura, así como la tarea de instruir y exhortar al pueblo.

En el oficio de santificar, el diácono se empeña en orar por la Iglesia y el mundo. Asume la obligación de rezar Salmos y oraciones bíblicas con la Liturgia de las Horas. Puede bautizar, celebrar funerales, hacer bendiciones, asistir a matrimonios y dar la bendición con el Santísimo.

Una responsabilidad muy propia del diácono es el servicio. Él debe servir y animar la atención de los más pobres y marginados. Un ámbito específico del diácono es ser intérprete de las necesidades y de los deseos de la comunidad y ser un animador del servicio.

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Captcha loading...

*

To Top