Locales

DIOS PIENSA DE MANERA PARADÓJICA

Propio del Evangelio es la paradoja. Con frecuencia, el texto bíblico nos expone situaciones paradójicas, para hacernos ver que lo ‘común’, no es lo ‘normal’. Dios no tiene la misma perspectiva que la lógica humana.

Para este Domingo, Jesús nos presenta dos polos opuestos (los sabios y los pequeños), pero lo sorprendente es que los sabios no entienden, y los pequeños, en cambio, sí comprenden y aceptan las verdades de Dios.

Dios sigue esquemas impredecibles: manifiesta sus secretos a los pequeños, y los esconde a los grandes y sabios. ‘Pequeño’ no se opone a adulto; se puede entender los seres humanos, que en la lógica humana carecen de importancia, los que no tienen facilidad de palabra, los marginados de la sociedad, los que no tienen recursos económicos, ni formación intelectual esmerada.

Los fariseos y escribas rechazaban a los pobres e incultos. Ese es el contexto del pasaje evangélico. Es la autosuficiencia humana en contra-posición de la sabiduría divina. La soberbia humana es el mayor obstáculo para que se entienda el misterio de Dios.

Los sencillos son los discípulos creyentes; no los sabios ni los entendidos. Los escribas y fariseos rechazan la palabra de Jesús. Los doctos son autosuficientes. Dan la apariencia de no necesitar de nadie, ni de nada. En cambio, a la sabiduría divina acceden los pequeños y los pobres, los humildes. Esto es constatable en las manifestaciones divinas (revelaciones) a los santos; así pues, citemos a Bernadette de Lourdes, a los tres niños de Fátima, a Juan Diego del Tepeyac, etc.

Sean mansos y humildes de corazón

Jesús impone su yugo. Pero a diferencia de otros yugos que son pesados y duros (cf. Mt 23,4), el yugo de Jesús es ligero y llevadero. Es una carga que genera paz y bienestar, dones prometidos a los humildes y a los pobres. El yugo ya no es seguir el sistema legal (propuesta de los fariseos y escribas), sino el aprehender a Jesús y el aprender a seguirlo.

En el Evangelio, los ‘cansados y cargados’ son equiparados a los pequeños e ignorantes. Jesús guarda distancia de dos extremos dañinos: el intelectualismo, que hace a los sabios pretender saberlo todo; y el legalismo, que desvía y falsifica el encuentro con Dios. Este último exceso, lo señala claramente Jesús con aquella frase: El hombre no se hizo para el sábado, sino el sábado para el hombre.

Jesús invita a la mansedumbre de corazón. Él mismo la ejercitó. Jesús había predicado en Galilea, poco antes del texto en cuestión. Pero obtuvo un fracaso en esa gira. Jesús no duda de su ministerio ni tampoco del Padre que lo envió.

En lugar de lanzar invectivas, lo que hace Jesús es bendecir: “Gracias, Padre, así te ha parecido bien”. Se bendice una obra porque se admira. Los decepcionantes frutos de su predicación, son motivo de bendición.

La bendición brota no de la cosa vista, contemplada o admirada, en este caso los frutos de la predicación; sino por haber visto a Dios en la acción llevada a cabo.

A propósito, Juan Crisóstomo nos ilumina con su reflexión: “Imitemos a Jesús y oremos por los enemigos. ¿Cómo puedo yo imitar al Señor? Si quieres, puedes. Si no pudieras imitarle, ¿cómo habría dicho: aprendan de mi, que soy manso y humilde de corazón? Si no pudieras imitarle, no hubiera dicho Pablo: Sean imitadores míos, como yo lo soy de Cristo.

Finalicemos con la exhortación que nos hace Pablo en la segunda lectura: “No estamos sujetos al desorden egoísta del hombre, para hacer de ese desorden nuestra regla de conducta. Pero si viven de ese modo, ciertamente serán destruidos”.
¡FELIZ DOMINGO FAMILIAR!

 

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