A pesar del diálogo directo que sostuvieron los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos con el presidente Enrique Peña Nieto el pasado jueves, ayer refrendaron no tener confianza en el gobierno de la República y aseveraron que no dejarán a las instituciones “imponer su verdad histórica”,.

En una jornada de marcha y discursos que duró seis horas desde su arranque en el Auditorio Nacional, a la que denominaron “El Día de la Indignación”, los familiares de los ausentes aseveraron que ni con el tiempo permitirán que el caso cierre hasta no encontrar a sus hijos con vida y la justicia correspondiente sea aplicada.

“¿Cómo es posible, señores, que quieran hacer un nuevo peritaje? Nosotros no estamos jugando. Después de tanto sufrimiento que nos han hecho pasar diciendo que encontraron las fosas y después que fueron quemados, ya no se les cree tanta mentira, ya no les vamos a creer, y también toda la sociedad mexicana ya no les cree”, dijo Epifanio Álvarez, padre de Jorge, uno de los 43.

Junto a miles de personas de organizaciones de la sociedad civil, sindicatos, universitarios de instituciones públicas y privadas, además de simpatizantes de varias partes del país que los acompañaron, en medio de un clima lluvioso, la marcha se llevó de manera pacífica; sin embargo, en este tono enviaron también un mensaje al gobierno de México.

No somos pacifistas, queremos decirlo, porque muy mal nos ha tratado este gobierno con la punta del pie y nos ha reprimido, le decimos, cuando sea necesario le vamos a responder; pero por ahora, compañeros, vamos a dar la muestra de contundencia de esta manifestación, vamos a dar la muestra de la indignación que se refleja en un mal gobierno”, aseveró Vidulfo Rosales, uno de los representantes legales de los familiares, de la organización Tlachinollan.

Mario César González, quien busca desde hace un año a su hijo César Manuel, manifestó en su discurso: “si él (Peña Nieto) apostó al cansancio del movimiento, está perdiendo; si él apostó al olvido, ya se jodió. Nuestros 43 no están solos, 43 padres de familia vamos a seguir luchando”.

Clemente Rodríguez, papá de Christian Alfonso, reclamó resultados: “yo se lo dije en su cara (al Presidente): ¿cómo es posible que a un año de lucha no haya encontrado a los muchachos?”

El discurso de Melitón Ortega frente al Monumento a los 43, instalado en Reforma a la altura de Bucareli, citó la reciente reunión con el jefe del Ejecutivo. Expuso que su movimiento “entra hoy en una nueva etapa de búsqueda, y no dejaremos que esto pase sin que se cumpla todo lo que hemos planteado ante la mesa”.

Vamos a seguir exigiendo a Peña Nieto que responda, que tiene que implementar todas las líneas de investigación que se están planteando, es su responsabilidad y obligación de hacer cumplir esas recomendaciones (de los expertos de la CIDH).

Acciones

Minutos antes de las 18:00 horas, cuando terminó la jornada en el Zócalo capitalino, los padres anunciaron que definirán su plan de acción para los próximos meses, en su próxima Asamblea General Popular en la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa.

Convocaron a los presentes a que participen “los días 16, 17 y 18 de octubre a Ayotzinapa, Guerrero, en hacer el frente nacional, para construir el programa político y el plan único de lucha que nos lleve a forjar el paro nacional, un cambio y una transformación por nuestro país”,

Además, abrieron la invitación a la “marcha nacional” de este domingo en Iguala, en la que partirán a las 11:00 horas de la explanada central al lugar donde ocurrieron los asesinatos de tres normalistas y se vio por última vez a los 43 estudiantes, durante la noche y madrugada del 26 y 27 de septiembre 2014.

Los familiares de los 43 reprocharon que el Presidente de México se ausentara “en un momento de crisis social y política” del país del 26 al 28 de septiembre para participar en los trabajos de la Asamblea General de la ONU, en Nueva York.

Al reclamo se sumaron las miles de personas que marcharon partiendo desde el Auditorio Nacional, puesto que los granaderos no permitieron su llegada al exterior de la Residencia Oficial del Los Pinos como se había planeado, hasta llegar a la plancha del Zócalo.

“La verdad no sé cómo describir este día 26 de septiembre, día que a muchos de nosotros nos cambió el rumbo de la vida, y el tiempo pasa rápido, como si la naturaleza nos dijera que se repitiera lo mismo, que esa noche estaba lloviendo, esa tarde estaba la lluvia, como hoy”, enfatizó Emiliano Navarrete, padre del normalista José Ángel.

El Gobierno del DF infomó que la jornada de ayer concluyó en orden y sólo se reportaron incidentes menores, como pintas y rotura de vidrios sin que hubiera detenidos.

También resportó un estimado de 15 mil personas durante la marcha y 18 mil durante el acto en el Zócalo.

Frente común

A un año de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa hay un aumento de la desconfianza en las instituciones y la resignación ante la corrupción, según un sondeo hecho por EFE entre intelectiales:

“Hay una sociedad desmoralizada, en la que las autoridades son poco fiables y su discurso es poco verosímil. La sociedad ahora ha llegado a un extremo de incredulidad sobre sus autoridades. Antes eran ciertos grupos sociales, pero ahora ya casi cualquier persona no cree en las verdades del Gobierno”, dijo el escritor Homero Aridjis.

En opinión del también escritor Jorge Zepeda Patterson, el caso Ayotzinapa también es “un parteaguas” por “lo que significó en las percepciones tanto en México como en el exterior” sobre el país y sus autoridades, que se vieron “desbordadas” por el caso.

La premio Cervantes de Literatura 2013, Elena Poniatowska, cree que los mexicanos sí han respondido llenando las calles, aunque no como “pasó en París”, donde después del ataque al semanario satírico Charlie Hebdo, en el que murieron 12 personas, toda Francia se unió “para protestar por todos los asesinatos”.
“¿Aquí usted ha visto al presidente marchar por estar en contra de los asesinatos de los 43?”, pregunta en una entrevista en la que asegura que “sí ha habido solidaridad” con este caso.

RELIGIOSOS LE DAN TOQUE DIVINO A LA MARCHA

Las protestas por el caso Ayotzinapa alcanzaron niveles en que, al reclamo social o la disputa política, se sumó la causa divina.

“Iglesias por la paz”, formado por un grupo de fieles de distintas religiones cristianas se unieron a la marcha.

Les seguían las Comunidades para la Justicia y La Paz, de Caritas México, con un grupo de monjes ataviados con su indumentaria religiosa.

Los Yoguis por México, portando sus turbantes y ropas blancas inundaron su sector de la macha con humos de varios inciensos.

“Dios exige justicia” es un grupo ecuménico cuyos miembros se unieron a la manifestación con una cruz azul pintada en el rostro y portando gallardetes con mensajes bíblicos: “No se dejen engañar, nadie puede burlarse de la justicia de Dios”, entre ellos.

Mientras la atención de la manifestación está en la vanguardia, sobre los padres de los 43 estudiantes normalistas de la Escuela Normal Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, detrás de ellos hay demostraciones de que cada día que pase los grupos que salen a las calles son más diversos.

Se trata de un cambio radical en manifestaciones como la de ayer que invadió unos seis kilómetros del Paseo de la Reforma durante más de cinco horas.

Otras escuelas

Ya no son sólo los alumnos y sindicatos de universidades públicas los que salen a las calles. Los contingentes de la Universidad Iberoamericana, el Tecnológico de Monterrey, el Colegio de México y el CIDE ya son costumbre en las manifestaciones. Los del Colmex exhiben su pancarta “Impunidad histórica”. Los del Tec: “Ni impunidad ni olvido”. La Ibero: “Fue el Estado”.

La de ayer fue una compacta marcha de grupos del movimiento urbano popular, la CNTE, el SME, STUNAM, SITUAM, grupos que arribaron desde otros estados, el EZLN, los miembros de la Escuela Superior de Educación Física hacen rutinas de 43 sentadillas, agrupaciones de padres que acudieron con sus hijos en carriolas o rebozos.

Las manifestaciones han mutado en una muestra artística espontánea y radical: bandas de música regional oaxaqueña, estudiantinas, soneros, batucadas, gente con la cara pintada de calavera, enmascarados de Anonymus, gente que carga enormes estandartes con pinturas que asemejan los murales de edificios históricos, zanqueros, malabaristas, un colectivo despliega el “Códice de Ayotzinapa” donde relata el episodio de la desaparición en un lienzo que asemeja los antiguos códices mesoamericanos; incluso uno de los grupos de autodenominados anarquistas llevaban un equipo de sonido en un carrito de supermercado donde tocaban hip hop, ska, punk, rock, “No controles”, de las Flans y “Doctor psiquiatra”, de Gloria Trevi, mientras apedreaban y pintaban el Senado de la República y lazaban cohetones a la policía.

En la vera de la manifestación se regalaban carteles con la leyenda “Crimen de Estado”, se vendían discos para recaudar fondos para los padres, y banderas donde el verde y rojo fue cambiado por negro,

La lluvia sólo hizo que el paso fuera más lento, que la marcha fuera más apretada. Mientras la vanguardia ingresaba por 5 de Mayo hacia el Centro Histórico, la retaguardia avanzaba a la altura del Museo Nacional de Antropología.

Transcurrió un año del episodio en Iguala y la manifestación de este sábado en las calles de la Ciudad de México fue undeja vú de octubre o noviembre de 2014. Las mismas consignas, los mismos grupos, la misma música, el mismo enojo, la misma rabia, los mismos anarquistas marchando, dejaron la sensación de que en efecto, este país está detenido, estático. Que nada cambia.

Sin novedad, declararon de la marcha la Comisión de Derechos Humanos del DF, Amnistía Internacional, el colectivo Marabunta (que resguarda a los anarquistas) y el Gobierno del DF. Dos policías con lesiones leves, un par de cristales rotos en una cafetería y otro par en un restorán. Lo cierto es que un grupo de anarquistas fueron dispersados por la policía de tránsito y granaderos a la altura de la explanada del Palacio de Bellas Artes aunque “sin detenidos”.

Velan por derechos

Visitadores y personal de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y ocho unidades deombudsmóvil acompañaron la movilización que se llevó a cabo con motivo del primer aniversario de los hechos ocurridos el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero.
La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal detalló que los 72 trabajadores y los vehículos de la CDHDF se desplegaron durante el día y a lo largo del trayecto.
La movilización inició en las inmediaciones de la Residencia Oficial de Los Pinos con destino a la Plaza de la Constitución.
Se mantuvo una coordinación constante con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos con el objetivo de que el acompañamiento en la marcha se lleve a cabo en el marco de las competencias de cada institución.

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