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Ébola en México: extremando medidas

El ébola ha tenido una tasa de letalidad del 90%. Y en Uganda, del 100%. Hay cerca de 4,500 enfermos identificados en el mundo. Hoy en día, uno de cada dos pacientes muere.

Las autoridades federales de salud no parecen estar con los brazos cruzados ante la posibilidad de la llegada de casos de ébola a México (si no es que ya los hay y no lo han dado a conocer), y, sin embargo, es importante que inicien una campaña de información sobre los síntomas de esta grave enfermedad, y sobre lo que puede hacer y dejar de hacer la gente con el fin de prevenir su contagio y al mismo tiempo, para conservar la calma.

Hasta el momento la mayoría de los mexicanos no sabe bien a bien qué es lo que la secretaría de Salud federal -ni tampoco las secretarías estatales- están haciendo para prevenir una nueva epidemia, ni sabemos si son suficientes las medidas sanitarias asumidas, si hay o no protocolos eficientes y personal preparado para escenarios serios como el que representa el ébola.

Ya hemos atravesado antes por epidemias como la de la influenza AH1N1, con un presumible mayor número de fallecidos que los que trascendieron ante la opinión pública, pero además, con un alto costo ante la población sumergida en el pánico, la economía paralizada por miedo a contagios, y finalmente, con muchas medidas inútiles para supuestamente evitar la propagación de ese virus.

No queremos que algo similar se repita en México, ahora con el ébola. Es urgente actuar y no escatimar en informar y en tomar las medidas suficientes para la protección de las familias mexicanas. Y no sólo debe actuar la secretaría de Salud, sino Gobernación y la secretaría de Relaciones Exteriores, entre otras dependencias más, que suponen gran coordinación y una intensa comunicación.

Por lo pronto sabemos por declaraciones del subsecretario de Prevención y Promoción de la Secretaría de Salud, Pablo Kuri Morales, que sólo se han emitido -desde los primeros días de agosto- “avisos”, para quienes regresan de países que han sufrido ébola, como Nigeria, Senegal, Guinea, Liberia y Sierra Leona.

Esto es, que esa dependencia no ha buscado restringir los viajes a esos países, y que no está monitoreando a todos aquellos que han permanecido en los mismos y que vienen de regreso a México, y se está limitando, con todo lo que ello implica de riesgo para este país, con brindarles alguna información a los viajeros, sobre el ébola.

Esa información consiste en decirles que si estuvieron en esos países africanos, “y después de 21 días tienen los síntomas del ébola, los reporten”, dijo textualmente ese funcionario a CNN en entrevista publicada el pasado sábado 18 de octubre.

Esto es realmente preocupante. La responsabilidad de reportar casos de ébola queda de esta manera en manos de ciudadanos –informados o desinformados sobre el ébola-, que viéndose enfermos, pueden o no reportar sus síntomas a un teléfono habilitado para esos efectos. Ese teléfono es, por cierto, 01-800-0044-800, de la Unidad de Inteligencia Epidemiológica.

Si cualquiera que haya estado en esos países de África y ahora está de vuelta en México, vive en alguno de los estados del interior en los que no hay personal preparado para el ébola, podemos imaginarnos lo que podría ocurrir en lo que es identificado como paciente con tal enfermedad, y en lo que es trasladado a uno de los centros para su tratamiento, que, hasta ahora, parece ser uno solo, en la Ciudad de México, más exactamente el instalado dentro del Centro Nacional de Investigación en Quemados, del Instituto Nacional de Rehabilitación.

Ahí habría un equipo conformado por sólo 10 especialistas (epidemiólogos, infectólogos y enfermeras del Instituto Nacional de Nutrición), el cual luce como insuficiente ante una enfermedad tan contagiosa. Habría además que calcular que los enfermos de ébola pueden llegar a México procedentes de otros países que no sean directamente los mencionados de África.

El protocolo de la secretaría de Salud implica entonces la autoidentificación del paciente de ébola por el paciente mismo, y que éste llame a un teléfono para que lo trasladen entonces a uno de seis hospitales del país en donde hay gente preparada para el ébola, y de ahí sea luego concentrado en el DF. Todo lo cual sinceramente luce como dejar mucho a la deriva, un mecanismo de poco control y exceso de confianza, además de una gran falta de información.

Los hospitales referidos en provincia son los siguientes: el Hospital General de Occidente en Guadalajara, Jalisco; el Hospital Universitario en Monterrey, Nuevo León; el Hospital del Bajío en León, el Hospital General del IMSS de Playa del Carmen, Quintana Roo; el Hospital General de Tijuana, Baja California. Pero en ellos, no se trataría a los enfermos, sino sólo en el DF…
Un punto más es la presunta carencia del suero llamado ZMapp en México, con el que fueron exitosamente tratados en su momento el doctor Kent Brantly y Nancy Writebol, trabajadora de salud en Estados Unidos.

Una enfermedad tan dramática y contagiosa merece más atención de las autoridades de salud, federales y estatales, y sobre todo medidas en las que no se deje la responsabilidad a los posibles pacientes, para que sean ellos mismos los que identifiquen su contagio, tal vez tardíamente, lo cual puede conllevar la demora de los tratamientos y muertes que nadie desea.

Hay mucho trabajo qué hacer para las autoridades, que deben estar conscientes de que los ciudadanos demandamos información oportuna de su parte, además, claro, de medidas serias y suficientes con las que todos nos podamos sentir seguros y esté garantizado al 100% que no pueda expandirse el ébola en nuestro territorio. Estamos aún a tiempo. Es la hora de actuar.

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