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Dios los cría… y se sienten de caballería.

Pluma: JOSE LUIS HUERGO

Luis Ramón Peralta May “Casitas” llegó a diputado de panzazo y gracias a que era el menos odiado de los dos candidatos principales a la diputación por el Distrito 11, dado que a su oponente panista, Jorge Vazquez “El roba-urnas” no lo quieren en el PAN por traidor y no lo quieren en el PRI por traidor, de modo que fue el único candidato del PAN que, lejos de alzarse con aplastante victoria, fue derrotado por unos cuantos votos.

Como es su costumbre, “Casitas” recorrió el distrito prometiendo a los votantes las joyas de la corona y encarrerado en promesas, ya siendo diputado electo, expresó con su enredada lengua:

“Mi responsabilidad, seguramente, va a ser triple, porque en mi obligación de cumplirle a la gente, en mi obligación de ser recíproco con el agradecimiento del pueblo que me dio su confianza y que me dio su voto y de alguna manera recuperar la confianza que la gente ha perdido en nosotros los priistas. Decirles que ser priista no significa ser un mal político, que estoy consciente, que acepto y que tengo el tamaño y la estatura política para aceptar que los que me antecedieron en muchos años atrás y a la mejor en los años anteriores también, no supieron ser responsables, no supieron ser recíprocos y mucho menos fueron trabajadores a la hora de venir y regresar al distrito para apoyar, tramitar y gestionar ante la gente. Hoy la ley y la Constitución del Estado te obliga inclusive a regresar y a cumplir con la gente, los diputados tienen un recurso que se llama dieta, para que apoyen a la gente”.

Pues nada, el tiempo corre y la gente sigue a dieta, esperando que el diputado llegue a repartirles la dieta, pero tal parece que a “Casitas” no le corre prisa por empezar a recuperar la confianza que la gente ha perdido en ellos los priistas, pues solamente se ha ido a dar una vuelta por Tierra y Libertad, con más sabor a proselitismo que a interés en las necesidades del electorado.

Habrá que recordar a Peralta May que la función de un diputado es representar los intereses de sus electores, pero no puede conocer los intereses y necesidades de sus electores cuando se la pasa en sus cuadras apapachando a sus caballos y es con los equinos con quienes ha sabido ser responsable y recíproco, unicamente.

Tampoco se nota voluntad de recuperar la confianza, cuando su única propuesta en el Congreso ha sido la instalación de una oficina del Instituto del Transporte en Carmen, para evitar trámites y gastos a los ruleteros.

Como es su costumbre, para presentar la propuesta acarreó a varios taxistas, que le aplaudieron a rabiar cuando la presentó en el estrado con su enredada dicción.

La propuesta, como es de esperarse, beneficia a los trabajadores del volante, exclusivamente, porque a “Casitas” no se le ocurrió integrarla como Dios manda, con un estudio de las constantes transgresiones al Reglamento del Transporte cometidas por los ruleteros, exigiendo al IET no sólo una oficina receptora, sino constante vigilancia y aplicación del Reglamento, en beneficio de todos los ciudadanos.

Es la hora en que José Ramón Peralta May no demuestra su “estatura política”, ni la voluntad de “venir y regresar al distrito para apoyar, tramitar y gestionar ante la gente”.

Eso sí, jura que será el próximo presidente municipal de Carmen.

“Prometer hasta meter y una vez metido, olvidar lo prometido”, dijera mi abuela, mujer papanteca de recio carácter.

¡Zambomba!
Se acabó el espacio.
Nos vemos, pues…

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