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Dios los cría…y lucran con la Rectoría.

Pluma: JOSE LUIS HUERGO

Nicolás Maquiavelo dijo que, en política, es central saber disfrazar bien las cosas y ser maestro en el fingimiento.

Es evidente que Manuel Jesús Cordero Rivera, rector de Utcam, es un ávido lector del satanizado filósofo, así como obediente seguidor de sus maliciosas reglas políticas.

Sagaz, astuto, frío, con sonrisa de quien no ha roto un plato, muy útil para ocultar su doble juego y aviesas intenciones, el lobo con piel de Cordero que maneja la Universidad Tecnológica de Campeche, sabe atravesar el pantano sin enlodarse el plumaje.

Fue así que, tras aspirar al dudoso honor de quedar como suplente de Rocío Abreu Hartamaña en las pasadas elecciones, donde académicos han señalado que utilizó recursos y hasta estudiantes de la universidad a su cargo para tratar de posicionar a su amiga, supo sacudirse hábilmente el descrédito de la derrota para seguir usando la Utcam en favor de su imagen pública.

Es decir: Rocío Abreu Hartamaña carga sobre sus espaldas con el voto de odio emitido por la ciudadanía, mientras que Cordero ni se despeinó y sigue cultivando su falsa imagen de prócer de la educación.

Y no hace falta ir muy lejos para ver lo que es capaz de hacer en su narcisismo, pues en enero del año en curso, cuando Cordero se movía frenético buscando dar a conocer su nombre, la plaza roja de la Península de Atasta fue bautizada con su nombre, gracias al cabildeo que el rector llevó a cabo con los miembros del Cabildo del lugar.

Desde luego, Cordero jamás ha hecho públicas las millonarias cifras que maneja en contratos de “vinculación universitaria” con Pemex, mismos que difícilmente benefician sino a su bolsillo y el de sus socios de tranzas, que diga, de negocios por debajo del agua.

La mecánica es muy simple: Un directivo de Pemex y el dueño de una empresa son cuatachos, entonces el directivo le dice a su cuate que hay un contrato, por ejemplo, para regulación ambiental en alguna instalación de la paraestatal.

El contrato, que implica muchos millones de pesos, no es sino una pantalla para llenarse las alforjas, pues es sabido que a Pemex el medio ambiente le importa un carajo, aunque el problema es que la empresa del amigo del directivo no cubre los requisitos, por lo que determinan invitar de socio al rector de Utcam, disfrazando el contrato con la etiqueta “vinculación universitaria” para entregarlo sin concursar.

Más rápidos que la purga de magnesia, los cuatachos arman el contrato y entregan el contrato a Utcam, pretextando que el objeto social de la UTCAM cumple con el perfil para ejecutar los servicios; además, el firmante de la justificación, dice que la institución educativa cuenta con el personal especializado y capacitado para proporcionar todos los servicios.

Lo extraño es que la UTCAM ni siquiera ofrece una carrera ambiental, la que más se acerca al perfil es la Energías Renovables, y por ello es que se supone que va a subcontratar los servicios de la empresa del amigo del directivo, que ni siquiera cuenta con el Certificado de Industria Limpia que emite la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA).

Esta y muchas otras mecánicas, que iremos dando a conocer en las siguientes entregas, son algunos de los jugosos negocios que el político-rector-empresario con piel de Cordero, hace al amparo de su puesto.

Cuando es pobre, es un ratero; cuando es rico, es financiero, dijera mi abuela, mujer papanteca de recio carácter.

¡Recórcholis!
Se acabó el espacio.
Nos vemos, pues.

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