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Dios los cría…y los pierde la megalomanía.

Pluma: JOSE LUIS HUERGO

“Ante el oro y el poder no me arrodillo aunque me agobie el padecer tirano, me muero de hambre, pero no me humillo, seré cadáver pero no gusano. Ésta es la norma de Acción Nacional”.

Con estas palabras resumió Carlos Enrique Castillo Peraza la esencia del PAN, dejándolas como un legado para la militancia.

Tristemente, esa filosofía ha sido despreciada por la dirigencia municipal, en manos de un tirano enfermo de poder y avaricia, el neopanista Juan Mendoza Vior, quien es conocido en los corrillos del Ayuntamiento como “El Chelo Rata”.

Mientras Pablo Gutiérrez “La Pequeña Lulú” se la pasa en romance con las cámaras, inaugurando eventos sociales y posando con escobas, palas y herramientas que en su vida había visto y no tiene la menor idea de para qué sirven, el Chelo Rata quien maneja el Ayuntamiento con ma no de hierro, olvidando que no es presidente de Ciudad del Carmen, sino solamente del PAN Municipal.

Gracias a ello, en cuatro meses y medio de la administración panista, no se ven resultados por ninguna parte, los baches heredados se van haciendo más grandes cada día, mientras que aparecen otros nuevos y ni La Pequeña Lulú, ni Mendoza Vior parecen darse cuenta.

Su voracidad se ve reflejada en los actos de funcionarios, como la directora de Gobernación Municipal, Rosa Erlinda Moreno Marrufo, quien no ha buscado un reordenamiento en el comercio ambulante, limitándose a violar los derechos humanos impunemente y elevar las cuotas que cobra por el uso de la vía pública hasta en un 250%.

Corrupción y soberbia que contagió a Néstor Solana Ramos, director de Servicios Públicos acumula día a día señalamientos por despotismo, acoso laboral y hasta sexual, pero sigue en el cargo muy quitado de la pena.

Olvidando que el Ayuntamiento es un cuerpo colegiado y que el presidente no tiene la última palabra, sino debe someterse al Cabildo, Mendoza Vior se da el lujo de participar en las sesiones de Cabildo e imponer su voluntad a los regidores, de quienes se burla abiertamente.

En más de una ocasión, los regidores en pleno han exigido a Pablo Gutiérrez que exija a Mendoza Vior que saque las manos, La Pequeña Lulú se ha negado terminantemente, argumentando que a él debe su carrera política, aunque todo parece indicar que la deuda es de otra clase más personal.

Tampoco existe la transparencia y rendición de cuentas en la actual dictadura.

No contento, El Chelo Rata se aferra ferozmente a la presidencia del PAN Municipal, que no sólo es un coto de poder, sino tremendo negocio, porque tanto el alcalde, como los diputados, regidores y todos los funcionarios de extracción panista, deben entregar al CDM del PAN un  diez por ciento de su sueldo, aparte de los millonarios recursos enviados por el CDE a Juan Mendoza Vior.

Se avecinan elecciones internas en el PAN y la militancia panista, cansada de las imposiciones y malos manejos de Mendoza Vior, ha pedido a Sebastián Calderón Centeno que se postule para corregir el rumbo en el partido y salvar el barco que se hunde, porque de seguir a este paso, difícilmente ganarían en la siguiente contienda, dado el descrédito en que está cayendo el partido.

Como era de esperarse y nada más de entrada, Mendoza Vior dejó ver sus negras intenciones, al intentar bloquear el registro de Calderón Centeno con sucias y baratas artimañas, como cerrar el partido para impedir la publicación de la convocatoria en los estrados.

Esta maña no es nueva, pues hizo exactamente lo mismo cuando Facundo Aguilar López intentaba registrarse para la contienda interna en busca de la candidatura a alcalde, precisamente contra Pablo Gutiérrez.

Dicha contienda estuvo plagada de violaciones a los estatutos del PAN, para finalmente realizar la elección a puerta cerrada entre puros seguidores de Pablo, luego de expulsar violentamente del lugar a representantes de la planilla de Facundo, lo que puso en duda el resultado del conteo.

En base a esta experiencia, los panistas esperan que nuevamente Mendoza Vior intente sus cochupos, para quedar él otra vez al frente del partido o, en el peor de los casos, su títere e incondicional besa-pies, Hermilo Arcos May “La Aguacata”.

Por ello, los panistas de acción, esos que lucharon por llevar al partido al poder, sin otro interés que lograr una auténtica democracia, deberán cerrar filas para imponer su voluntad como mayoría y arrebatar el partido a aquellos que están muy lejos de practicar su filosofía.

Toca también a los regidores  ponerse en su papel y recordar a La Pequeña Lulú que no se manda solo, empezando por exigirle plena y transparente rendición de cuentas.

“Rebuznan y quieren que les aplaudan como si hubieran relinchado”, dijera mi abuela, mujer papanteca de recio carácter.

 

¡Recórcholis!

Se acabó el espacio.

Nos vemos, pues… 

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