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Fácil para Canelo: Kirkland, un bulto.

Saúl Canelo Álvarez noqueó con sobrada comodidad a la peor versión de James Kirkland, dejó a toda su fanaticada feliz y quedó listo para enfrentar a Miguel Ángel Cotto en un futuro cercano. Con esas dos líneas alcanzaría para resumir la desigual batalla que apreciamos este sábado en el Minute Maid Park de Houston, sin embargo es necesario tratar de descifrar los tres asaltos en que el estadounidense sobrevivió al castigo implacable del mexicano. Y el primer desafío será responder dos preguntas que al parecer no tienen respuesta. ¿Vimos una mejor versión de Canelo Álvarez? ¿James Kirkland pudo hacer más de lo poco que hizo?

En primer lugar, ‘Canelo’ fue el de siempre. Lento para moverse sobre piernas o soltar golpes, pero contundente y efectivo si le dan espacio para lanzar sus trallazos de poder, especialmente los ganchos por dentro de la guardia. La defensa, fue la clásica, recostarse a las cuerdas y abroquelarse detrás de los brazos. Los pocos golpes que llegaron a la humanidad de ‘Canelo’, no llevaban potencia entonces es imposible evaluar su asimilación.

En realidad, el mexicano no necesitó un plan de pelea, no necesito extremarse ni remar contra la corriente. Kirkland le facilitó todo el trabajo, mediante su extraña forma de soltar sus golpes y su manera suicida de protegerse de la respuesta enemiga. Basta señalar que en la tercera y definitiva caída a la lona, se produce lo que yo llamaría de “blooper” defensivo.

Kirkland retrocede sobre las cuerdas, con su guardia cerrada esperando el acoso de ‘Canelo’ y cuando este echa su brazo derecho hacia atrás para lanzar el volado a la barbilla, Kirkland absurdamente abre primero los brazos y los baja después. La derecha del mexicano, que ya iba en camino, entró como un obús e impactó en el rostro descubierto del oponente, mandándolo a la lona casi desmayado. Por largo rato y bajo la preocupación de todos, incluido ‘Canelo’, Kirkland permaneció en el suelo antes de mostrar signos de recuperación.

La mala actuación de Kirkland era una posibilidad, hay que reconocerlo. Ha peleado apenas dos veces en poco menos de cuatro años y como en su única derrota anterior, faltaba en su esquina su nervio motor, la ex campeona mundial y entrenadora Ann Wolfe. En mi columna previa a la pelea fue uno de los dos escenarios que vaticiné para el pleito; sin embargo, también acepto que nunca esperé ver a Kirkland peleando de esa manera. Como un verdadero púgil de videojuego.

Los golpes que lanzaba por encima de la guardia de ‘Canelo’, rara vez llegaban a la cabeza del oponente. Pasaban inofensivamente por encima de la misma. Los impactos a la zona media, tampoco llegaban a destino y lo que enviaba por el centro de la guardia rara vez golpeaban o lo hacían de manera inofensiva. Y ello es necesario marcarlo, porque Kirkland en sus peleas anteriores, nos acostumbró a que cuando golpeaba, lastimaba siempre, sin importar a quien.

En defensa, los primeros planos televisivos fueron demasiado elocuentes. Lanzaba sus golpes y luego quedaba, como desconcentrado por algunos segundos y con la guardia descubierta. Era en ese momento en que Saúl Álvarez se daba el festín de ganchos espectaculares o el impacto que se le ocurriera.

En la estadística de Kirkland, tal vez, lo único positivo haya sido que su segunda derrota no fue peor que la primera aunque la igualó en el número de caídas antes de que el referí detuviera el combate. Contra Nobushiro Ishida fue masacrado en menos de un asalto, contra Álvarez fue masacrado en menos de cuatro episodios.

La platea, casi toda mexicana, disfrutó de un triunfo contundente de una de sus máximas figuras. Eso fue algo positivo. ‘Canelo’ cumplió con su papel y mejora en la estadística luego de derrotar nuevamente a un rival con un palmarés de respeto. Lo negativo pasa por el espectáculo en sí, porque otra vez un rival faltó a la cita. Eso le quita valor a la victoria del mexicano y alimenta, una vez más, la crítica de los más exigentes.

Si tomamos en cuenta las emocionantes guerras que más temprano todos apreciamos por televisión, entre Tomoki Kameda vs. Jamie McDonell y de Omar ‘Panterita’ Figueroa vs. Ricky Burns, sería una falta de respeto al boxeo entre iguales, ser demasiado entusiastas con la victoria de Canelo. James Kirkland no tuvo plan, no tuvo aguante, no tuvo boxeo y permaneció de pie el tiempo que le permitió el vencedor.

Por eso lo del título, Kirkland fue solo un bulto. Apenas eso.

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