Columna

EPN: un Presidente Devaluado.

“Político que devalúa, se devalúa…”, solía decir José López Portillo en sus tiempos Los tiempos del México de la frivolidad. Del nepotismo. Del despilfarro económico. De la corrupción.

Sí: los mismos tiempos – paralelos, espejo del priismo gemelo-, que se están viviendo hoy con Enrique Peña Nieto.

Los tiempos de la frivolidad no se han ido. Allí están las portadas de la revista ¡Hola! mostrando en su esplendor a La Gaviota y a la familia presidencial, en desplantes agraviantes y ofensivos para un país cuya pobreza creció en 2 millones de mexicanos más durante el gobierno de su esposo.

Los tiempos del nepotismo que aquí siguen, con la sobrina de Peña Nieto – María Fernanda Said Pretelini-, nombrada Coordinadora de Comunicación Social en Pemex, cuando hace unos meses aún estaba en la escuela. ¡Pero no seamos malpensados! Fernanda es igual de culta y talentosa que su poderoso tío. ¡Claro que merece el puesto! ¡Bola de envidiosos! ¡Dejemos en paz a la nueva versión de José Ramón, el orgullo del nepotismo de Jolopo!

Los tiempos del despilfarro económico que no se han ido y que, inevitables, llevan finalmente a la crisis económica, a la tragedia financiera: el gobierno de Peña Nieto ha gastado… ¡10 mil millones de pesos! en publicidad oficial, durante dos años de gobierno, revela Fundar. La vuelta al reloj de la historia: los excesos durante el lopezportillismo.

Los tiempos de la corrupción que aquí siguen: continuamos esperando que La Gaviota venda, como prometió en cadena nacional, la Casa Blanca de 7 millones de dólares con la que Carmen Aristegui y su equipo mostraron al mundo cómo se enriquecía la familia presidencial. ¿Más corrupción? Allí está también la casota de Luis Videgaray en Malinalco, patrocinada por OHL. Muestras sobran.

Por eso Peña Nieto se devalúa: porque la economía – y el peso-, se le están desmoronando; porque no puede controlar la enfermiza ambición de riqueza de su esposa, quien públicamente lo desdeña e ignora; porque día con día, Peña Nieto se muestra como un mandatario débil, con muy escasa credibilidad, demacrado física y políticamente, sin fuerza, sin convicción.

Como el peso ante el dólar: un presidente devaluado.
La debilidad de Peña Nieto lo ha obligado a compartir el poder político con quien menos querían él y su equipo: Manlio Fabio Beltrones.

El mal gobierno, las circunstancias políticas y el 2018, obligaron a Peña y a sus hombres a tragar sapos y darle el PRI a Beltrones. No les quedaba de otra. Era eso o condenarse a la descomposición absoluta, vía fracaso del equipo compacto mexiquense, durante la segunda mitad del actual gobierno.

Desde enero pasado, en esta columna, lo dimos a conocer: ante el planteamiento del propio Peña Nieto de que Manlio llegara al PRI, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, vetó al sonorense. De ese tamaño es el temor a Beltrones.

En esa ocasión, Videgaray le ganó la partida a su jefe, el presidente de la República. Videgaray el todopoderoso…todavía.

Y eso nos lleva a preguntar:
¿Gobierna Peña o gobierna Videgaray? ¿O gobierna Osorio Chong? ¿O gobierna el tío Alfredo del Mazo o el amigo Arturo Montiel? ¿Quién diablos está gobernando a México?

Pero las malas decisiones de gobierno, la pésima imagen de Peña Nieto y los magros resultados en la economía, obligaron a Peña y al grupo compacto de Los Pinos- Videgaray, Nuño, Luis Miranda y Osorio Chong-, a abrirle las puertas a Beltrones para evitar el naufragio absoluto, a pesar de las resistencias internas.

De un plumazo, Beltrones exhibió, con su llegada al PRI, la debilidad institucional, operacional y de imagen, del gobierno de Peña Nieto, quien sólo aguantó tres años con el mismo equipo y ante el fracaso parcial, tiene que recurrir a otro grupo político totalmente ajeno al mexiquense: el de Manlio Fabio.

Beltrones al rescate de un gobierno que se hunde de manera inevitable. Y sí: los exhibió como incompetentes.

¿Qué sigue? Agarrón de pronóstico por el 2018: Videgaray, Osorio Chong y Beltrones, disputándose la candidatura presidencial priista. Ya lo veremos.

Por lo pronto, Beltrones se pone a la cabeza.

Y eso era, precisamente, lo que no querían Peña Nieto y su equipo.

Merecido lo tienen.
En lo político, Peña Nieto y su naufragio.

En lo económico, siguen las malas cuentas.

Ayer, el pesito mexicano se volvió a devaluar ante el dólar: 16.62 a la venta. Tuvo el Banxico que vender 373 millones de dólares para evitar que el peso rebasara la barrera de los $17.00. Mal las cosas.

“Hay países que están peor que México”, nos dice un Presidente desesperado por el naufragio, extraviado en la retórica ofensiva que espera un consuelo de tontos, reconociendo que menos mal que no vivimos en Grecia; un Presidente sin rumbo que de la mano lleva, también con rumbo azaroso, al país; un presidente que, literal, no controla ni a su casa.

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