Al filo de las 23:41 horas de este martes aterrizó en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) el segundo vuelo del gobierno de México para repatriar a connacionales evacuados de Ucrania debido a la intervención militar rusa.

El avión Boeing 737 de la Fuerza Aérea Mexicana salió de Rumanía la madrugada del martes y tras casi 24 horas de viaje, con escalas en Irlanda y Canadá, llegó a la capital mexicana con 57 mexicanos a bordo, cinco personas de nacionalidad peruana y ucraniana, cinco mascotas, además de 23 personas de tripulación y equipo de apoyo. También viajaron reporteros que acompañaron la operación.

Los mexicanos fueron recibidos por personal de la Secretaría de Relaciones Exteriores; a su llegada se les tomó la temperatura y se les selló el pasaporte de entrada en el país.

El avión salió el viernes pasado de la Ciudad de México y llevó 1.5 toneladas de ayuda humanitaria para los refugiados ucranianos; llegó a Bucarest, capital rumana, el sábado y allí permaneció unos días para viajar de regreso este martes a México.

Antes de salir de Rumanía, un grupo de mexicanos ofreció su testimonio en una rueda de prensa. La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) difundió una serie de videos en los que los connacionales contaron las experiencias vividas en los últimos días.

La mañana del martes, el canciller Marcelo Ebrard dio cuenta del despegue del avión, con los connacionales a bordo y en camino.

Entre los testimonios compartidos, está el de Silvia Cristina Mercado, quien narró que el padre de su hija, de nacionalidad ucraniana, tuvo que quedarse en el país, lo que ha sido la parte más difícil de sortear. “La nena sigue preguntando por su papá, sigue viendo sus fotos, cunado lo ve le da besos a las fotos”, dijo.

Relató que ha sido su hija la que le ha dado la fuerza para salir de este trance y que no quiere que su hija crezca reconociendo el sonido de una bomba.

Por su parte, el tlaxcalteca Ismael Torrentera contó que no salieron en el primer vuelo del gobierno mexicano porque “la vida era tranquila” en la capital ucraniana, Kiev, y “no había una situación que nos alertara para poder decir vámonos”.

Mencionaron que la vida se desarrollaba de manera normal en la ciudad hasta hace unos días y que permaneció en contacto permanente con la embajada de México en Ucrania, a la que posteriormente apoyó para sacar a la mayor cantidad de connacionales posibles. “Fue difícil, pero dentro de todo de esto la alegría de que todo va a salir bien”, mencionó, al tiempo que agradeció el apoyo del gobierno mexicano.

Otro de los testimonios ofrecidos fue el de Víctor Nava, un mexicano que se encontraba en la ciudad de Járkov cuando empezaron los bombardeos rusos. “Fue un verdadero caos salir (…) intenté salir por tren: imposible, eso era un caos y aunque hubiese boletos era inaccesible; los autobuses también estaban inaccesibles, cancelados”.

Comentó que su vuelo de regreso a México fue cancelado, así como los boletos que tenía comprados en otros transportes, por lo que decidió comunicarse con la embajada mexicana, quienes le proporcionaron ayuda.

El veracruzano Miguel Maldonado, quien estudiaba música en Kiev, aseguró que salió de la ciudad desde el 15 de febrero, cuando se enteró que el gobierno mexicano preparaba una primera evacuación de connacionales en Ucrania.

“Fue decisión de mis padres y de otros familiares que lo mejor sería ir a otro lugar, que quizás sería oportuno y esto también fue gracias a que la embajada había lanzado un comunicado diciendo que recomendaba salir o dejar el país durante un cierto periodo debido a que existía este cierto riesgo de un conflicto”, dijo.

Narró que su mejor amigo salió en la primera evacuación a una ciudad cercana a la frontera con Polonia y agradeció a las autoridades mexicanas el apoyo. Incluso, comentó que algunas personas lo apodan “el hijo de la Embajada”, porque pudo convivir con los diplomáticos mexicanos.

Iliana Monárrez, quien se encontraba en Járkov, mencionó que la salida de Ucrania fue “una aventura casi de Rambo”. Comentó que está casada con un ucraniano y tiene un hijo de 20 años que estudia pedagogía en la Universidad de Járkov.

“Así que pues Járkov está totalmente devastado, destruido, si han visto en las noticias… pero nosotros de primera mano, obviamente lo hemos padecido, desde el inicio de los bombardeos hasta que salimos”, detalló.

“La salida para nosotros no era que no quisiéramos, es que no había manera humana de salir porque había ya infiltrados del Ejército contrario y disparaban a matar. No podíamos ir corriendo a la estación de tren o tomar un autobús o tomar un taxi, no existía ni gasolina”, explicó.