Columna

Virgen de Guadalupe, Madre de misericordia

Mons. José Francisco González González
XIV Obispo de Campeche
Hemos dado inicio al Año de la Misericordia (8 de diciembre). Lo hemos hecho con el canto-rezo del bellísimo himno bizantino de “akatisthós”, gozado y celebrado en el Santuario de Guadalupe.

También, con la apertura de la Puerta Santa en la Iglesia Catedral de la Diócesis de Campeche y la ordenación diaconal de un seminarista de Nunkiní.
Ese mismo día celebramos a la Virgen María, patrona de la Catedral de Campeche bajo la advocación de la Inmaculada Concepción.

En esta misma semana, en todo nuestro país, y más allá de las fronteras, nos alegramos por la Solemnidad de la Virgen de Guadalupe. Dice el canto: “para el mexicano, ser guadalupano, ser guadalupano es algo esencial”.

A lo mejor, no nos hemos percatado como la narración de las Apariciones de la Virgen de Guadalupe (Nican Mopohua), la Virgen se manifiesta como “Madre compasiva”, la cual tiene “mirada misericordiosa”.

Bien, pues, podemos llamarla como Madre de la Misericordia. A Juan Diego, la Virgen le aseguró que ella es madre de todos los corazones, de todas las estirpes.
Por su amor universal, María ama a todos los seres humanos. Ese amor lo realiza en un encuentro directo, humilde y personal. Esa calidad de amor supera toda división, toda barrera y todo muro.

Ella pidió una “casita sagrada” a construirse en el Tepeyac para entregar el Amor, a su propio Hijo, a todos. A propósito, entre los indígenas veracruzanos (San Miguel Zozocolco) existe una tradición oral que se transmite así: “su rostro [de la Virgen de Guadalupe] no es de ellos, los españoles, ni de nosotros, los indígenas, sino de ambos”.

¿Cómo muestra su amor misericordioso la Virgen de Guadalupe? La respuesta la tenemos en la misma narración de Antonio Valeriano. En el Nican Mopohua se lee: “Escucharé su llano, su tristeza, para remediar, para curar todas su diferentes penas, sus miserias, sus dolores”.
Ella quiere enjugar toda lágrima, y cambiar nuestra tristeza en la alegría del encuentro con su Hijo Jesús. Ella es consuelo, alivio, fortaleza, esperanza en el amor grande de Dios.

MARÍA, DISPENSADORA DE MISERICORDIA

Hace 50 años, el papa Pablo VI habló de la Virgen María como dispensadora de misericordia. Cabe anotar que el Papa Beato Pablo VI fue un profundo teólogo y un místico de la fe. Él mostró una sólida devoción mariana.

Además, sobre sus espaldas recayó la dificilísima responsabilidad de llevar adelante, con mano firme y valiente, las reformas propuestas por los documentos del Concilio Vaticano II.

Hace medio siglo, el Papa italiano escribió: “Si las grandes culpas de los hombres pesan sobre la balanza de la justicia de Dios, y provocan su justo castigo, sabemos también que el Señor es el ‘Padre de las misericordias y el Dios de toda consolación’ (2Co 1,3), y que María Santísima ha sido constituida por Él administradora y dispensadora generosa de los tesoros de su misericordia.

“Que Ella, que ha conocido las penas y tribulaciones de aquí abajo, la fatiga del trabajo cotidiano, las incomodidades y las estrecheces de la pobreza, los dolores del calvario, socorra, pues las necesidades de la Iglesia y del mundo”. ¡Virgen de Guadalupe, acompáñanos en la fe!

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