Mons. José Francisco González González
XIV Obispo de Campeche

Con bases bíblicas, a lo largo de la historia, la Iglesia ha celebrado distintos jubileos. El Papa nos convoca a vivir un año de la misericordia. La invitación la ha hecho el Sumo Pontífice con la Bula Misericordiae vultus (en latín, el Rostro de la Misericordia).

Las distintas diócesis del mundo se suman a esta iniciativa. También la nuestra de Campeche. Uno de los objetivos trazados por el Papa para alcanzar en este año es que el Jubileo sea vivido como un momento extraordinario de gracia y renovación espiritual.

La palabra “misericordia” se forma, a su vez, con dos raíces latinas; a saber: misere (necesidad, miseria) y cor (corazón). Podemos así, desde la etimología, definir misericordia como aquella capacidad humana de tener un corazón solidario con aquéllos que tienen necesidad o padecen miseria.

Por eso, entre los sinónimos de misericordia que podemos aducir están: amor, ternura, piedad, compasión, clemencia, bondad, gracia y don de Dios. El ser humano está llamado a mostrarse misericordioso hacia el prójimo, a imitación de Dios, “Señor de misericordia” (Sap 9,1) y del Padre de Jesucristo, Padre de las misericordias (2Cor 1,3).

CAMINAR HACIA LA PUERTA SANTA

Aquí en la Diócesis se destinará la Catedral como punto de peregrinación durante este año, como nos lo indica el Papa. Allí se abrirá la así llamada “Puerta de la Misericordia”, la Puerta Santa. Eso acaecerá el lunes 8 de diciembre, en el marco de una ordenación diaconal (Fernando Mex).

Como punto final de peregrinación, se sugiere que para llegar a ella, se haga la experiencia de ‘peregrinación’, de caminar como pueblo peregrino hacia la casa del Señor.

Caminar es una costumbre religiosa muy arraigada en nuestro pueblo. Basta ver las grandes manifestaciones de fe, peregrinaciones, en torno a los Santuarios de nuestro país y a ciertos lugares de culto muy posicionados en la piedad popular.

Caminar implica sacrificio. Ese sacrificio es un compromiso que expresa el deseo de alcanzar la conversión para degustar, con mayor gozo y exultación de llegar a la meta: Cristo, nuestro Señor.

La peregrinación puede estar acompañada por la meditación de la Palabra de Dios y el canto de los “salmos de la misericordia” (hay un libro, ya editado con este título).

La peregrinación hacia la Casa de Dios conlleva la conversión, y por eso, un signo manifestó de ese deseo de cambio, es acudir al Sacramento de la Confesión.
La reconciliación sacramental es un medio muy valorado para sentir el amor misericordioso del Padre, que nos perdona nuestros múltiples pecados, a condición que nos arrepintamos de ellos y de que acudamos a Él con un corazón humilde y arrepentido.

En este Año de la Misericordia los sacerdotes estarán disponibles para prestar el servicio de la Confesión, sacramento de la Misericordia. Ya se han fraguado interesantes iniciativas por algunos grupos de sacerdotes, por ejemplo, la de estar disponibles para confesar, en un lugar predeterminado, 24 horas de corrido.

¿Cómo vivir el Año de la Misericordia? Hay muchas maneras y modos. Queremos, en este espacio dominical, con cierta regularidad, responder a esa interrogante. Es claro que la clásica agrupación de las 7 Obras de Misericordia corporales y espirituales siguen siendo un faro que ilumina la manera de vivir este año jubilar, pero hay más opciones.

A través de este medio, vamos a ir reflexionando, D.M., sobre algunos aspectos de la ternura y de la misericordia de Dios, así como las gracias que la liturgia de la Iglesia nos recomienda para alcanzar misericordia.

Auguramos un fructuoso Año. Que la recomendación que nos hace san Pablo la tengamos bien fija en nuestra experiencia de año jubilar: “el que practica misericordia, que lo haga con alegría” (Rom 12,8).

¡Alabemos al Señor, porque es eterna su misericordia!

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