POR: Mons. José Francisco González González, XIV Obispo de Campeche

El Evangelio de hoy (cfr. Mc 9, 38ss) es un texto particular porque los discípulos de Jesús no quieren admitir a quien hace obras buenas. La razón para excluirles es que no pertenecen visiblemente al grupo de los seguidores de Cristo.

La actitud de extrañamiento de los discípulos deja entender como un deseo explícito de manejar el monopolio de Jesús, como si Cristo fuera una ‘patente’ exclusiva. Nadie, sino sólo ellos para manejar su persona, su doctrina. Esa actitud la defiende Juan el Zebedeo. Él defiende los intereses de su grupo.

La escena parece una consulta legal. Ha surgido en la Iglesia un caso imprevisto, y piden el parecer de Jesús. O todavía, más preciso es decir, que antes de consultar a Jesús, los discípulos ya tenían la respuesta.

Jesús les corrige su mentalidad exclusivista, separatista y manipuladora. Así pues, los seguidores de Jesús no tienen que esforzarse por mantener su propia identidad utilizando leyes exclusivistas.

Más que el triunfo de su grupo han de querer que el bien mesiánico se extienda, es decir, que se realicen “milagros” en nombre de Jesús siguiendo su ejemplo.
El ‘nombre de Jesús’ aparece en el Evangelio como fuente de vida, como fuerza sanadora. San Pablo nos va a decir, por estas razones, que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. De aquí nace la actitud de arrodillarse a la hora de que Jesús se hace presente en la Consagración eucarística.

Juan quiere ejercer un control sobre ese poder mesiánico de Jesús, quiere imponer una credencial de afiliación en la Iglesia para todos los que invocan el Nombre de Jesús.

Jesús rompe toda envidia entre sus mismos seguidores. No quiere formar una secta o comunidad cerrada donde la institución deba imponerse ni fundar un grupo oficial de realizadores de milagros.

Jesús quiere, más bien, que el impulso de su doctrina y la vida de sus discípulos pueda extenderse más allá de las fronteras de la misma Iglesia organizada. Los cristianos, por ende, no son dueños de la fuerza que brota de la entrega sacrificial de Cristo, ni pueden controlarle.

La Iglesia, pues, dirige, anima, expande la palabra de Dios, pero no la encierra ni la domina; no utiliza ese poder en nombre propio, ni quiere controlarlo para bien del grupo, por encima de los otros.

Cristo Negro, Señor De San Román

Hoy concluyen las fiestas jubilares en honor al Cristo Negro Señor de San Román. Agradecemos a Dios sus incontables beneficios y bendiciones a favor del devoto pueblo campechano a lo largo de 450 años.

Confiamos a Él nuestras familias, estudios, trabajos, enfermedades, preocupaciones, alegrías. Que su mirada afectuosa y misericordiosa nos acompañe siempre. Reportamos dos extractos poéticos, de sendos autores:

Septiembre es para ti, Campeche, el surco

Que nace con la luz sanromanera:

Mes de fiesta, de cálidos encuentros,

De costumbres que se vuelven eternas;
¡y de ese Cristo Negro que ilumina
la concordia de esta tierra muy nuestra!
¡Fe de mi padre y mi madre!
¡fe de mi abuela y mi abuelo!
¡Fe de mi hermano y mi hermana!
¡Fe de los hijos que tengo!
¡Fe de las gentes morenas
que son carne de tu pueblo,
forman una sola fe
que vive en tu Cristo Negro!
En ti confiamos, ¡Señor de San Román!
Y de tu misericordia infinita
esperamos alcanzar el remedio
de nuestras necesidades.

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