Columna

El Presidentito

No es una expresión peyorativa, sino una descripción: el presidente de México se reduce al paso de las semanas y más que una percepción del columnista, es un reflejo fiel de lo que hoy marcan las encuestas y el sentir ciudadano. Enrique Peña Nieto, nada más, no crece. Se ha estancado en un mar de indefiniciones, de incongruencias, de inmovilidad y, tal vez lo más grave, bajo un tufo de corrupción que comienza a permear en la conciencia de millones de mexicanos que ven en la Casa Blanca de Las Lomas, en la relación de Peña Nieto con Juan Armando Hinojosa, en el vínculo de Angélica Rivera con el Grupo Higa, en la inverosímil declaración patrimonial del Presidente y en su innegable enriquecimiento, los emblemas de la corrupción y del tráfico de influencias en el actual sexenio.

De ahí su desplome en las encuestas: en tiempo récord, perdió 11 puntos de aprobación en promedio, reflejo del hartazgo ciudadano, del pésimo manejo de gobierno, de una forma caduca y agraviante a la hora de gobernar. Sí: el presidente de México se ha empequeñecido. Es el Presidente con menor aprobación ciudadana prácticamente de los últimos veinte años, desde 1995, cuando Zedillo heredó la catástrofe económica provocada por la irresponsabilidad financiera de Salinas de Gortari. Zedillo, Fox y Calderón, están muy por encima de Peña Nieto en aceptación popular. La falta de apoyo ciudadano lo hunde día tras día. Un Presidentito, pues.

Son varios los indicadores y síntomas que han reducido el margen de maniobra, de confianza y de operación política, de Enrique Peña Nieto. La mayoría, graves y, a la luz de los acontecimientos, irreversibles. Echemos un vistazo a los factores que han empequeñecido a Peña:

1) Las encuestas muestran un derrumbe dramático en el respaldo ciudadano hacia Peña Nieto: 37% le otorga Excélsior; 39%, Reforma; 41%, El Universal. En promedio, 6 o 7 de cada diez ciudadanos reprueban al gobierno peñista.

2) Su gabinete también es rechazado. De acuerdo con la encuesta del diario Reforma del lunes pasado, el único secretario que aprueba el examen ciudadano –y eso de panzazo con 6.1 de calificación-, es el de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade.

Los demás dan pena: Videgaray, de Hacienda, reprobado con 4.2; Osorio Chong, de Gobernación, con 4.6; la vapuleada Rosario Robles, con 4.1; el cansino procurador Murillo Karam, hundido con 3.9. Ninguno se salva.

3) El discurso del pasado jueves 27 de noviembre mostró a un Presidente limitado y tramposo: retomando propuestas de Felipe Calderón que si bien podrían haber funcionado en 2008 cuando fueron presentadas – mando único policiaco, teléfono de emergencia, cédula de identidad ciudadana, entre otras-, hoy podrían ya no funcionar. Las circunstancias cambian. Peña enseñó un discurso pletórico en retórica y pobre en viabilidad. Risible cuando gritó con voz impostada y sin convicción: “¡Todos somos Ayotzinapa!”. Y más: evitó hablar de los escándalos de su gobierno, en los cuales su esposa está involucrada. Perdió una oportunidad valiosa, y posiblemente única.

4) La sospecha de la corrupción taladra los cimientos del gobierno peñista. El escándalo de la Casa Blanca de las Lomas, de la relación personal de Peña Nieto con Juan Armando Hinojosa, capitán del Grupo Higa, y el vínculo financiero Angélica Rivera-Higa, han calado profundo en el ánimo de millones y en su sentir sobre la forma como la pareja presidencial se ha enriquecido. Basta ver que en la encuesta de Reforma, 65% considera que Peña Nieto está fracasando en el combate a la corrupción. Mientras no se aclare el expediente Casa Blanca, esta cifra aumentará. Son muchas las dudas.

5) La declaración patrimonial de Peña Nieto no convence a nadie. Aún más: ahonda en la manera oscura en la que Peña se enriqueció. Lo que ha percibido como legislador, gobernador y Presidente, nada más no checa con la fortuna que manifiesta: 45 millones de pesos. ¿O alguien le cree cuando en su propia declaración manifiesta que su primera casa la compró al contado en 1982, a los 16 años de edad? Sí: el presidente de México es un hombre brutalmente enriquecido.

6) Las protestas públicas cada vez son más ciudadanas, a pesar de los intentos de infiltrados-anarquistas-encapuchados que desatan violencia e intentan manchar la legitimidad de las movilizaciones sociales. El grito recurrente de ¡Fuera Peña…fuera Peña!, es cada vez más insistente. ¿Se puede gobernar en medio del repudio popular?

7) El lunes uno de diciembre, al cumplir dos años de Gobierno y ante las protestas que se dieron en el DF, Peña Nieto prefirió huir a Chiapas para cobijarse en los brazos de un aliado incondicional: el gobernador Manuel Velazco, en lugar de enfrentar, desde Los Pinos, la furia y el repudio popular. Su abandono en momentos de crisis refleja vacío de autoridad.

8) El factor Ayotzinapa y los bandazos presidenciales. La tarde del lunes pasado, fuentes de Los Pinos aseguraron que Peña Nieto iría a Iguala este miércoles; poco después, dijeron que sólo a Guerrero; pero ayer martes, a primera hora, recularon y anunciaron la cancelación del viaje. Estas indecisiones vulneran la credibilidad presidencial y sólo generan desconfianza.

9) Peña Nieto está confirmando lo que muchos vaticinaban: que no es lo mismo gobernar Toluca o el Estado de México que un país entero. Su falta de experiencia política y de cultura personal se demuestran con un ejercicio de gobierno aldeano, carente de luces democráticas y eficaces y, por lo tanto, insuficiente para lo que necesita México.

10) Nada en el corto plazo parece augurar que protestas y repudio ciudadano en contra de Peña Nieto cesarán. Acaso las fiestas navideñas abrirán un paréntesis. Sin embargo, ese periodo solamente será un paliativo en medio del naufragio del gobierno peñista. ***** Reducido, empequeñecido, acorralado, acotado, Peña Nieto enfrenta una crisis política que, bajo cualquier otra regla democrática, llevaría a la reflexión a cualquier mandatario de presentar licencia en el cargo. Peña no lo hará. Seguirá en Los Pinos, aún a costa de la ingobernabilidad, de la descomposición social y del repudio ciudadano.

Peña continuará, a pesar de los malos resultados de su gobierno.

A pesar de ser un Presidentito.

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Captcha loading...

*

To Top