Pluma: JOSE LUIS HUERGO

En días pasados, cierto atolondrado “medio informativo” publicó como novedad un video donde aparece gente de Gobernación Municipal tratando de detener con el apoyo de los “cuicos” a una humilde ventera de aguacates, argumentando que el hermano de la señora portaba un cuchillo, mientras que la agraviada señalaba estar cansada de sus extorsiones y que el cuchillo lo usan para “calar la fruta”.

El video, que amenaza con volverse viral en las redes sociales, data del 10 de diciembre de 2013, lo que pone en entredicho la confiabilidad del “medio informativo”, dado que ni siquiera se dieron a la tarea de investigar procedencia y fecha del video.

Sin embargo, su entusiasmo es justificado, ya que a la fecha las cosas siguen igual: los venteros dueños de la vía pública a cambio de entregar jugosas cuotas al director de Gobernación Municipal, Hugo Hidalgo, y a su perrango, Julio Casanova.

Mientras que el “mérito” mayor de Hugo Hidalgo es haber traicionado al PAN cuando así le convino, Julio Casanova fue porro en la Unacar, durante la rectoría de Sergio Augusto López Peña, lo que en ninguna manera los califica para ocupar puestos de responsabilidad.

Por principio, la vía pública es precisamente eso, un espacio para que transiten los peatones sin tener necesidad de invadir el arrollo vehicular, arriesgando sus vidas, de modo que no es un lugar para que coloquen sus puestos los venteros, como si se tratara de un tianguis o mercado.

Por otro lado, los venteros no pueden argumentar que venden por hambre, dado que todos los días son traídos y llevados de Tabasco en camionetas y camiones, constituyendo competencia desleal para los comerciantes carmelitas que pagan renta, impuestos, luz, mordidas a Gobernación, mordidas a Copriscam y en algunos casos, hasta “derecho de piso” a la delincuencia organizada.

Extrañamente, lejos de desalojarlos y mandarlos de regreso a su lugar de origen, Hugo Hidalgo y su perrango los colocaron en el estacionamiento municipal, prometiendo que el lugar sería habilitado como mercado, sin justificar la razón de que el Ayuntamiento esté obligado a dotar de locales a todo aquel que invade la vía pública.

Esto sólo se entiende en razón de los sucios arreglos que los torvos sujetos tienen con los vendedores ambulantes, pues les exigen el pago de 350 pesos semanales, presuntamente para las arcas municipales, pero de manera personal, todos los días cada ventero debe entregarles 200 pesos para sus bolsillos, lo que representa varios miles de pesos para la parejita.

Lo bueno es que en diez días se van, lo malo es que dejan un grave problema a la nueva administración, pues los venteros exigirán que les cumplan los compromisos hechos por estos dos, que para esas alturas estarán muertos de risa contando sus billetes mal habidos.

Cual el amo, tal el criado, dijera mi abuela, mujer papanteca de recio carácter.
¡Caramba!
Se acabó el espacio.
Nos vemos, pues…

 

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