Columna

Amar es entregarse

Esta pequeña parte del Evangelio de san Juan (15,9-17) se centra en el mandamiento del amor. Se aprende a amar sólo levantando la mirada para ver el modo cómo Dios nos ama.

El texto del Evangelio no indica únicamente el amor, sino también el modo de amar, cuando dice: “como yo les he amado”.

El Padre toma la iniciativa en el amor. Él nos envía a su Hijo. Lo hace movido sólo por amor, no por otros motivos. El Hijo acepta la misión del Padre. Lo hace por amor, no por ventajas personales.

El amor implica obediencia. Este círculo de amor y de la respuesta en la obediencia constituye el núcleo esencial de la fe cristiana y del verdadero discipulado.

Jesús mismo asegura que Él cumple los mandamientos de su Padre, y por eso permanece en su amor. Cristo es testigo, y así lo proclama, que si queremos “permanecer en Él” necesitamos vivir en la caridad, y la vivencia de la caridad depende del cumplimiento de los mandamientos.
El mandamiento es que nos amemos los unos a los otros. Entonces, permanecer en Dios se consigue mediante el amor mutuo.

Los creyentes deben amarse mutuamente. El amor mutuo no es mera filantropía. El amor mutuo se expresa en la capacidad de entrega, en el auto-sacrificio. Antes que a los discípulos se les haya exigido este amor “sacrificial”, Cristo ha dado ejemplo entregando su vida.

El amor de Dios está entrelazado con el nuestro. Y es porque quien ha abrazado el uno (amor de Dios) no puede no poseer el otro (amor al prójimo).

Juan Crisóstomo comenta: “En esto se resumen la Ley y los profetas (Mt 22,40). En otras dice: todo lo que quieran que les hagan otros a ustedes, háganlo ustedes a otros (Mt 7,12). La plenitud de la Ley es la caridad”.

AMOR FORJA AMIGOS

Dar la vida por los amigos. Es la prueba suprema del amor. Llama la atención que Jesús llame a sus discípulos “amigos”. La amistad suele definirse en términos de igualdad, de mutua ventaja e interés.

¿En qué sentido podía decirse que sus discípulos son amigos de Jesús? La respuesta solamente podría darse partiendo de una nueva definición de la amistad. Jesús no tiene intereses comunes con sus discípulos. Él no gana nada con la amistad. Él es su Señor.

Lo natural sería que fueran sus servidores o discípulos. Los siervos, es consabido, no saben lo que hacen sus amos. Pero, ahora, Jesús los llama “amigos”, porque los ha elegido y los ha amado hasta el extremos (Jn 13,1). Los amigos conocen la interioridad del amigo.

Entre Jesús y sus discípulos sólo debe haber: amor y amistad. Esa elección de amor debe ser ardorosamente misionera. Los discípulos amigos no tienen límites para llevar el mensaje de amor. Ellos se hacen portadores del amor divino para toda la humanidad (Mt 28,19).

Lo que hace efectiva la misión es la oración. La oración es el medio eficaz del apostolado y el recurso, si así se puede decir, del éxito.

Finalmente, una acotación que hace Juan Crisóstomo: “¿por qué Jesús continuamente ensalza la caridad? La respuesta es porque ella es el sello de sus discípulos y la que alimenta la virtud”. ¡Feliz día de las madres!

Mons. José Francisco González González
XIV Obispo de Campeche

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