Columna

Papa Francisco, Portador De Misericordia

Mons. José Francisco González González

XIV Obispo de Campeche

Es bien consabido, que el Papa Francisco tiene, en su predicación y vivencia, dos aspectos destacados. Uno de ellos es el realce que da a la misericordia, como característica principal del amor de Dios por nosotros, y el otro aspecto es el amor sencillo, genuino y tierno a la Virgen María.

 Desde su elección como Pontífice, al Papa argentino ha venido proponiendo a la Iglesia y al mundo el vivir la misericordia con un “modo” nuevo.

Ya no actuar con el juicio seco y agrio, que sólo hiere y desnuda la amargura del corazón del juzgante, sino con el “modo” de Dios; es decir, con la ternura y cercanía amorosa que nuestro Señor muestra para con nosotros, pecadores.

El Papa está en México. Su presencia nos alegra sobre manera. Él viene como misionero de paz y misericordia a nuestro País. Trae la Buena Nueva del Evangelio, pero con el “modo” nuevo.

Visitará algunas regiones, como son: Distrito Federal, Estado de México (Ecatepec), Chiapas (Tuxtla y San Cristóbal de las Casas), Michoacán (Morelia) y Chihuahua (Ciudad Juárez).

Con su estilo muy particular, el Papa adecúa el mensaje de misericordia y de paz con actitudes fácilmente comprensibles a la sensibilidad del corazón humano. Por eso, es un decir de la voz del pueblo, “al Papa, sí le entiendo”.

DEVOCIÓN GENUINA A LA VIRGEN

El Papa ha sido un devoto de la Virgen de Guadalupe. Desde que vivía en su natal país, Argentina, experimentó la ternura de la Virgen de Guadalupe, y no ha dejado de fomentar esa devoción filial a la Madre del Cielo, Reina de México y Emperatriz de América.

En su escrito acerca del Rostro de la Misericordia Nº 24 el Papa nos dice: “Todo en la vida de María fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne. La Madre del Crucificado-Resucitado entró en el santuario de la misericordia divina, porque participó íntimamente en el misterio del amor”.

Más adelante, Papa Francisco medita: “María estuvo preparada, desde siempre, por el amor del Padre, para ser Arca de la Alianza entre Dios y los hombres.

“Ella custodió en su corazón la divina misericordia, en perfecta sintonía con su Hijo Jesús […] María atestigua que la misericordia del Hijo de Dios no tiene límites y alcanza a todos, sin excluir a ninguno”.

Ya está el Papa en el Cerrito del Tepeyac. Ha venido a tributar su genuino amor a la Virgen Morena. Está entre nosotros para impulsar nuestra fe y nuestro compromiso de ser agentes de misericordia y de paz, en nuestras familias e instituciones.

 ¡Bienvenido, Papa Francisco!

¡Bendito el que viene, en el Nombre del Señor!

 

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