Columna

El hambre, según Peña Nieto.

Cuando un funcionario habla del hambre con el estomago lleno, malo el asunto. Dudo mucho que el señor Enrique Peña Nieto haya pasado hambre alguna vez en su vida, tampoco creo que conozca la sensación de vacío y angustia que eso genera.

En México, el hambre es una realidad a pesar de las fastuosas declaraciones de Peña Nieto a la oficina de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Según él, ”hemos logrado reducir a menos de la mitad el número de personas en condiciones de vida por debajo del umbral de pobreza”.

Por supuesto, fue a presumir el programa Prospera, antes Progresa, dirigido por su amiga, la ex perredista Rosario Robles secretaria de Desarrollo Social, quien dice que atiende a 6.1 millones de familias en México. Las falacias de la señora Robles todos las conocemos. ¿Qué credibilidad puede tener esta funcionaria camaleónica?

Hasta aquí, el país de las maravillas que los funcionarios con el estomago lleno, presentan sobre el hambre, sobre todo, de cara a la galería de los organismos internacionales.

Ahora hablemos de la realidad: para empezar, la tal cruzada contra el hambre es una simulación. Lo último que hemos podido saber es que el presupuesto no está destinado a paliar el hambre de los mexicanos más pobres, sino a la propaganda.

La Señora Robles ha destinado nada menos que 485 millones de pesos en promocionar el programa estrella de Peña Nieto de la Sedesol y con el que presume en el exterior.

La empresa más beneficiada con estos millones es Televisa, que recibió tan solo año y medio 155 millones 163 mil pesos por este concepto. Por supuesto, la Señora Robles asegura que este derroche propagandístico no tiene nada que ver con el año electoral, ni mucho menos.

Por tanto, mientras la mitad de la población vive en la pobreza y de ellos 28 millones son pobres alimenticios, es decir, gente que no tiene que comer, la Señora Robles se gastó 7 millones y medio diariamente para difundir su maravilloso programa. En total, destinó 211 millones 284 mil 256 pesos de su presupuesto supuestamente asignado para paliar el hambre.

Además, recordaran que durante febrero, la Sedesol lanzó una campaña de comunicación masiva en televisión, radio y periódicos, para celebrar el mes de la cruzada contra el hambre que se llamó “Dos Años Cumpliendo”.

El despliegue propagandístico electoral, digo, oficial, incluyó spots de 30 segundos transmitidos en las pantallas de autobuses, interurbanos, metrobuses, cines, lonas y panorámicos, con la imagen de dos tenedores con forma de manos y un corazón.

Si se hacen cálculos, perfectamente con lo que erogó la Señora Robles en un mes, se hubieran podido pagar las pensiones anuales de más de 33 mil ancianos del programa 65 y más.

Pero a la Señora Robles le gusta gastar más en imagen y promoción. Así quedo de manifiesto cuando recién llegó a la Sedesol en diciembre de 2013 y lanzó una campaña mediática para promocionar los “testimonios de la cruzada” con un presupuesto de más de 62 millones de pesos de los cuales 28 fueron para Televisa.

Por si fuera poco, cuando el programa estrella de mentiras cumplió 12 meses, la Señora Robles lanzo otra campaña llamada “Un año, 3 millones de historias” y tomó del presupuesto más de 136 millones, de los cuales 24 millones fueron para Televisa, es decir, la sexta parte del presupuesto. Y además le pagó a TV Azteca 700 mil pesos por una supuesta asesoría de medios.

La Señora Robles también le dio un millón de pesos a Joaquín López Dóriga y su agencia Astron Publicidad, S.A. de C.V. por concepto de promoción y asesoría. Y firmó un contrato con Televisa por 19 millones de pesos para que sus anuncios fueran transmitidos durante 20 días en los recesos de telenovelas y del noticiero de López Dóriga.

El gobierno peñista no ha escatimado en la propaganda, y hay que decirlo, a costa del hambre de los mexicanos. Por eso, sorprende que Peña Nieto aporte al financiamiento del programa Mesoamérica sin Hambre con un presupuesto de tres millones de dólares, mientras México, según la OCDE es el segundo país con mayor desigualdad económica y 53 millones de personas viven en condiciones de pobreza.

Si el 23 y medio por ciento, es decir, 28 millones de mexicanos viven en pobreza alimentaria y el 12.5 por ciento sufre desnutrición crónica y el 70 por ciento de los hogares se clasificaron dentro del esquema de inseguridad alimentaria, ¿cómo es posible que Peña Nieto falte a la verdad si los números son aplastantes?

Tal vez, no sabe que un millón 200 niños padecen desnutrición crónica en el país, un mal que afecta al 10 por ciento de la población que vive en zonas urbanas y el 20 por ciento en zonas rurales. O quizá Peña Nieto no recuerda que todavía hay 52 millones de mexicanos que padecen hambre y que la mitad de la población sobrevive con seis dólares diarios, equivalentes a 2 mil pesos.

En México el hambre es crónica. ¿Le caerá algún día el veinte a Peña Nieto que se debe a su mal gobierno?

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