Columna

El de Peña Nieto, un sexenio de 30 meses.

El gobierno de Enrique Peña Nieto no duró un sexenio. Fue una administración de medio tiempo. La cuerda le duró 30 meses. Y hasta ahí. No dio para más. Si mañana el presidente priista tomara la determinación de abandonar Los Pinos, nada pasaría. Absolutamente nada. Millones, y gran parte del país, inclusive, se lo agradecerían.

Haber matado a la Reforma Educativa con la cancelación de la evaluación a maestros, no sólo fue inconstitucional. Va más allá: políticamente es equivalente a la decisión de Vicente Fox de cancelar la construcción del nuevo Aeropuerto en Texcoco. Esa noche de viernes uno de agosto de 2002, el gobierno de Fox fue vencido, mostró debilidad, cero negociación y, en consecuencia, llegó a su tope. Se terminó.

Hoy, Peña Nieto es el nuevo Vicente Fox de nuestros días. El fracaso foxista con el Aeropuerto es comparable con la derrota peñista en la Reforma Educativa. Así de grave está el asunto.

¿Por qué decimos que el gobierno de Peña Nieto ha llegado a su tope?

1) Porque, ¿quién le va a creer una palabra, frase o promesa al presidente de México, si fue incapaz de sacar adelante a la Reforma Educativa, instrumentarla y aplicarla de manera eficaz para beneficio de millones de alumnos de educación básica? La palabra presidencial se abarató.

2) Porque Peña Nieto fue vencido por la CNTE. Sí: al Presidente lo doblaron a base de amenazas. Cuando un Presidente tiene miedo, la ingobernabilidad se asoma. Los vacíos se llenan. Y Peña está mostrando miedo a los posibles estallidos sociales por la inestabilidad que generaría la coordinadora sindical. A Peña le tomaron la medida.

3) Porque el gobierno peñista se pasó por el arco del triunfo a la Constitución, violentando las leyes reglamentarias del Artículo Tercero. “Inconstitucional”, etiquetaron la medida Mexicanos Primero, México Evalúa y el IMCO. Aún más: “Las autoridades evidencian su debilidad para hacer cumplir el Estado de Derecho en una materia fundamental para el desarrollo y bienestar de sus ciudadanos, como lo es la educación”. Todos lo saben y lo dicen: el gobierno de Peña Nieto se desinfló.

4) Porque un gobierno débil no le sirve al país. Y el de Peña Nieto lo es: un gobierno acotado, acorralado, arrinconado. De la euforia superflua por las reformas aprobadas pero no aterrizadas, al pasmo y parálisis desde el 26 de septiembre pasado con Ayotzinapa. Peña y su equipo estaban acostumbrados, exclusivamente, a la mediática, lucidora y corrupta política a la mexiquense, controlando medios, comprando votos e ignorando conflictos. Entonces, cuando la bomba de Ayotzinapa les estalló, no supieron qué hacer. Ni siquiera entendieron su gravedad. Creyeron que el culpable era el fiel David López, jefe de prensa de Los Pinos, y lo desterraron a Sinaloa. ¡Ilusos! Muy pronto la realidad los ubicó en su justa dimensión: una camarilla de políticos demagogos, enriquecidos, e ineficaces.

5) Porque con la Reforma Educativa despanzurrada, ¿qué nos queda? La Energética es vista con más recelo que con convencimiento, y solamente es atractiva para las grandes empresas petroleras extranjeras que ya preparan el popote para clavarlo en el subsuelo. La Fiscal – el bodrio de Luis Videgaray-, podría ser desmantelada si PAN y PRD, juntos, logran mayoría en la Cámara de Diputados tras las elecciones del domingo próximo. Empresarios y contribuyentes rezan para que así sea: que el monstruo hacendario del amigo (y cómplice) de Peña Nieto, sea aniquilado.

6) Porque Peña, su esposa La Gaviota, sus amigos – Videgaray y compañía-, fueron tan soberbios, que jamás comprendieron que la revelación de la Casa Blanca presidencial, mediante el reportaje de la extrañada Carmen Aristegui, los fulminó como si los hubiera partido un rayo. No solamente Peña sacrificó a su esposa enviándola al matadero de la opinión pública, mostrando cobardía como compañero de vida. Fue mayor el daño: exhibieron al país, mostrándolo al mundo como una nación corrupta. Luego llegaron los escándalos de Malinalco, OHL y demás. Si Peña Nieto y sus hombres le apostaban al tiempo y al olvido, fue precisamente el tiempo el que los apabulló: meses después del affaire Casa Blanca no consiguen despegarse de la frente la etiqueta de “corruptos”. Así, Peña y su gobierno ya no le son útiles al país.

7) Porque, sin duda alguna, hoy se comprueba que el encarcelamiento de Elba Esther Gordillo fue más una revancha política, que un acto para mejorar a la educación. (Detalles en el libro “Los demonios del sindicalismo mexicano”. Capítulo “Elba Esther: La Quina de Peña Nieto”. Martín Moreno. Aguilar/ Random House)
¿Qué harán Enrique Peña Nieto y sus amigos? Ante el daño hecho a la educación mexicana, a su imagen y a su gobierno aunque, por encima de todo ello, a México, ¿habrá ajustes de fondo?

Veamos:
El titular de la SEP, Emilio Chuayffet, es uno de los tres “gurús” de Peña Nieto. (Los otros dos son Montiel y del Mazo padre). ¿Lo va a despedir de Educación? Se antoja difícil.

¿Correrá de Gobernación a Osorio Chong y al operador político de la reforma educativa, Luis Miranda, uno de los hombres más íntimos y cercanos a Peña Nieto? Es más fácil que Peña prescinda de Osorio que de Miranda.

Peña Nieto sabe que si en verdad quiere dar un “golpe de timón” para enderezar a su gobierno, pasa, forzosamente, por Hacienda. Cualquier otro cambio en el gabinete – incluido en Gobernación-, sería de simple estética. Y nada más. Si el cambio en la SEP se vislumbra difícil, en Hacienda sería casi imposible.

¿Qué hacer entonces?

¿Una salida viable sería que Peña Nieto pidiera licencia como Presidente?

Por lo pronto, el gobierno de Peña comienza a oler a muerto. Apesta a cadáver.

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