Columna

¡Cristo vive ha resucitado!

Mons. José Francisco González González

XIV Obispo de Campeche

Una figura principal en la pascua es María Magdalena. Ella es la primera que se percata de la tumba vacía, u va a ser al primera a quien aparezca Jesús resucitado (cf. Mc 16).

Ella es signo de todas las mujeres que han seguido a Jesús y se erige como portavoz de todos los creyentes que celebran la pascua en experiencia de amor genuino, originario y transformante.

Ella es la pecadora que ha sido perdonada por la misericordia de Dios. En un gesto de gratitud, lava los pies del Señor y ha servido, con sus bienes, a la causa del Evangelio (Lc 7,36-49; 8,2-3). También, es fiel en los momentos duros y de prueba, y acompaña a Jesús hasta el Calvario (Jn 19,25s).

María va al sepulcro porque busca el Amor: ella es signo de la humanidad que, ansiando al Cristo, quiere alcanzar misericordia y redención. No huye, como la mayoría de los discípulos. Ella permanece. Ha entrevisto el misterio de Dios, el don del amor y de la vida y, por eso, se queda llorando y desenado, ante un sepulcro vacío.

Pascua es encuentro con el amor

La pascua es una respuesta a la búsqueda de amor de los humanos. María es modelo de humanidad llena de esperanza, que culmina su desposorio de amor en diálogo afectivo con el mismo Dios del cielo.

María busca apasionadamente en el sepulcro a un Muerto. Está envuelta en llanto. Se encuentra con el Hortelano y le pregunta con insistencia dónde está el cadáver, pues ella quiere eternizarse en el amor por el Amigo muerto.

Podemos decir que está loca María… Pero loca de amor. Sólo a quien ama a Jesús se hace posible la experiencia de la pascua. El Jardinero le pregunta. Ella le ha confirmado su amor, en el jardín de la muerte, al lado de la tumba vacía.

En el jardín de la muerte, María buscaba el amor, pero Jesús le responde ofreciéndole una vida diferente y diciéndole su nombre (Jn 20). Sólo quien escucha a Jesús cuando le llama por su nombre sabe que existe vida, que hay resurrección.

La resurrección es, en el fondo, encuentro personal de amor, descubrimiento de Jesús que se ha elevado dela muerte y que nos dice, por nuestro nombre: ¡Vive, estoy contigo, sé tu mismo!

Esto es Pascua: experiencia radical de encuentro con Jesús, diálogo amoroso con Aquel que ha vencido la muerte, y de esa forma puede darnos vida. El verdadero amor suscita vida, transformando el jardín del cadáver en huerto de gracia que dura por siempre.

En el encuentro pascual, María ha descubierto el gran misterio: ha encontrado a Jesús. De ahora en adelante, no será una pecadora: una mujer caída, fracasada, estéril. La experiencia pascual le ha convertido en una portadora del misterio de Dios para los hombres.

Y por eso, Jesús resucitado hace de María, su discípula misionera, para que anuncie, con gozo, el Evangelio de la misericordia, de la justicia, de la hermandad, de la paz. ¡Felices pascuas de resurrección!

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